El propósito de la vida es el disfrutarla.
Dalai Lama
Dalai Lama
Permítanme esbozar una teoría, pueden estar de acuerdo o no, pero les pido la consideren, por lo menos antes de desecharla.
Creo que dios existe (discutir su existencia sería motivo de otro artículo). Sostengo que Dios creó un universo y (que es lo que realmente nos atañe) un planeta maravillosos. Citando al Génesis :”Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno”. Para efectos de mi argumento, comparemos el mundo con un parque de diversiones, con un Disneylandia elevado a la “n” potencia y a dios con su director.
Ahora bien, dios creó este parque de diversiones perfecto y nos puso aquí. Lo que es mejor, nos dio un boleto universal que nos permite disfrutar de todos los juegos, en la medida en que nosotros estemos dispuestos a caminar hasta donde se encuentran. ¡Eso es todo! Al abrirte las puertas del parque, el director te dijo: “diviértete, hice este parque para ti, por que te amo, el parque es perfecto hasta el más mínimo detalle y funciona tal y como debe funcionar; eres libre, has lo que quieras”
¿Qué tal? Ahora, la gente que entra al parque toma diversas actitudes:
Algunos se quedan en la caseta de información, leyendo el mapa, volviéndose expertos en el parque y sus maravillas. Son capaces de corregir a cualquiera sobre la dirección “correcta” de llegar a la rueda de la fortuna o al carrusel; desgraciadamente, ellos sólo conocen el instructivo.
Muy cerca de ellos, también en la caseta de información, encontramos algunos que se la pasan esperando a que el director del parque les diga que juegos visitar, implorando les dirija sobre el camino que les ha trazado, que les dé una señal sobre los juegos que realmente quiere que conozcan. Algunas veces, interpretan un acontecimiento como “la señal” esperada y si tiene suerte, acaban conociendo el parque, otras, se quedan esperando, olvidando las instrucciones del director (quien no les va a sugerir juegos, pues ello interferiría con la libertad que les dio, y Él es el primero en acatar las reglas que él mismo ha puesto).
Otros deciden no disfrutar el parque de diversiones, pues seguramente en algún otro lugar, hay un parque mejor, y –han concluido- si se “sacrifican” en este, la recompensa será gozar del otro parque. Junto a ellos, un grupo esta convencido de que, considerando que el parque no es “real” o es solamente un juego, no vale la pena jugarlo y deciden no participar, dedicando su tiempo a prepararse para lo que vendrá cuando salgan del parque.
Unos mas optan por los juegos de competencia, el tiro al blanco, los aros, las carreras. Su conclusión es que la única manera de disfrutar el parque es ganando muchos premios, logrando ser admirados por el resto por la cantidad de monos de peluche que han conseguido. Se preocupan por ganar y buscan reconocimiento por sus logros. Lo que no saben (o más bien no quieren ver) es que no se podrán llevar nada cuando salgan del parque, pues una de las reglas (para entrar en el parque, NO para estar en él) es que sales de él precisamente con lo mismo con que entraste.
Algunos prefieren los juegos de velocidad, las montañas rusas y los juegos de vueltas. Suben y vuelven a subir a los mismos juegos. Se marean y vomitan, pero siguen insistiendo en estos juegos. Otros prefieren la casa de los espantos, se asustan y vuelven a asustar, pero eligen (se den cuenta o no) volver a subirse una y otra vez. Junto a ellos encontramos los que deciden dedicarse a comer, palomitas, refresco, hotdogs, helados, etc. Todos ellos, insisto, escogen libremente y están tan absortos en su juego, que olvidan que es un parque de diversiones y se convencen que es la realidad.
Otros se la pasan quejando de que en unos juegos se marean, que otros los asustan, que unos están muy lejos, que para otros se requiere cierta estatura y de que no todos pueden entrar a todos los juegos. Además les molesta la inconsideración de los que se divierten más que ellos y envidian a los que están disfrutando el parque. Los más proactivos de este grupo, se organizan para tratar de mejorar el parque, –tal vez- convencidos que el director necesita de una ayudita y que ellos saben como hacerlo.
Muy cerca de los anteriores, algunos optan por el papel de anfitriones o auxiliadores. De autonombran guías del parque, vigilantes o salvadores. Deciden que es mucho más meritorio ayudar a otros a disfrutar el parque que disfrutarlo ellos mismos. Muchos de ellos comparten la filosofía de los “sacrificados”, otros se han convencido que no merecen divertirse en el parque y sólo algunos pocos, disfrutan realmente con este papel que libremente escogen.
Finalmente (aunque creo que con un poco de imaginación podríamos encontrar muchos más) están los que toman literalmente las instrucciones del director y deciden disfrutar del parque, lo recorren disfrutando los sustos de la mansión encantada, la rueda de la fortuna, los mareos de los juegos de vuelta, la comida, la bebida, el paisaje, etc. En breve, disfrutan del paseo y de la oportunidad de estar aquí. Curiosamente, estos parecen ser muy pocos...
Pasamos la vida preguntándonos cuál es su propósito ¿por qué estoy aquí? Incluso nos preguntamos si hay vida después de la muerte. Alguien dijo que sería mejor preguntarnos si hay vida antes de la muerte. Tony de Mello acostumbraba decir que la mayoría de la gente ya está muerta, sólo que el entierro ocurre algún tiempo después.
¿Por qué tanta preocupación con el sentido de la vida? ¿No podrá ser que el sentido de la vida sea la vida misma? ¿por qué DEBE tener un objetivo? ¿qué acaso algunas de las mejores cosas de este mundo no tienen objetivo alguno? ¿cuál es la meta de visitar un parque de diversiones? ¿cuál es el objetivo de la música o de la danza? ¡No tienen! No se baila buscando llegar a un lugar en el salón ni se escucha una pieza musical esperando llegar al final. Cantan los Rolling Stones que la vida es el viaje, no su destino; y John Lennon dijo que la vida es lo que ocurre mientras estamos ocupados planeando (esperando, implorando, etc.) otras cosas.
¿Por qué estamos en este parque de diversiones? No lo sé. A veces me imagino a dios a la salida del parque, y casi puedo ver a los que le reclaman por los mareos y los sustos, los que exigen recompensa por sus sacrificios, los que van molestos pues no respondió a su clamor en la caseta de información, los que esperan un reconocimiento por haberse aprendido el mapa, etc. Olvidando todos que fueron ellos mismos los que eligieron que hacer, sin imposición ni solicitud de dios; mientras Él, en silencio, sonríe sólo a los que decidieron tomarlo en serio y disfrutar del parque...
¿No es la mejor recompensa de un padre el ver feliz a su hijo? ¿no será la mejor forma de alabanza a dios disfrutar plenamente de la maravillosa creación?
Avidyanatha
© 2003
Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...