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martes, enero 11, 2011

Sabedlo, soberanos y vasallos,
próceres y mendigos:
nadie tendrá derecho a lo superfluo
mientras alguien carezca de lo estricto.
Salvador Díaz Mirón

El otro día estaba pensando precisamente en el problema que vive México (y el mundo pues no somos separados) y llegué a la conclusión (probablemente limitada, tal vez provisional, pero bueno, a esa llegué) que la principal causa de la crisis no es tanto la ausencia de valores sino es resultado del egoísmo rampante que ha sido el “modus operandi” de nuestra humanidad. Por años y años, tal vez desde el inicio de la raza humana, nos hemos preocupado por nuestro propio bienestar (al grado que creemos que es natural) nos preocupamos por salir adelante, por mandar a nuestros hijos a buenas escuelas, por cambiar de carro, mudarnos a una casa más grande, etc. Todo muy bueno, uno tiene derecho al fruto de su trabajo, cierto? Cierto, pero jamás nos detuvimos a pensar ni a ver al niño pobre que pedía limosna en la esquina, al campesino que perdió su tierra, a esa madre soltera que (por las razones que fuera) tiene que trabajar de “teibolera” o prostituta para mantener a sus hijos. Logramos que nuestros hijos fueran a las mejores escuelas pero no nos preocupó que cientos (tal vez miles) de niños tuvieran que dejar de estudiar para trabajar. Logramos la casa grande sin detenernos a pensar en las miles de personas que viven en las calles. Etc. Etc. No se trata de juzgar y menos condenar lo que hicimos, total lo hecho hecho esta, sino de darnos cuenta que no podemos seguir viviendo así.

Cierto, hay también una ausencia tremenda de valores, pero hay también mucho coraje, mucho resentimiento de los despojados. Mismo que, sin aprobar, me es dificil condenar. No lo sé (afortunadamente nunca he estado en esa situación), pero sospecho que, si a mi familia le faltara lo mínimo indispensable para comer y un lugar donde dormir, luego de agotar las opciones legales (buscar trabajo, etc) si no consiguiera nada, muy probablemente también preferiría robar antes de ver a mi hijo morir de hambre o a mi familia durmiendo bajo un árbol. Es fácil juzgar a los "malos" pero esos malos sostienen un espejo que refleja nuestras fallas como sociedad, reconocer esas fallas es mucho más dificil, y los problemas no se van a solucionar con más violencia (que siempre engedra violencia y pruebas abundan) sino haciendo las cosas diferentes.

Yo estoy seguro que la gran mayoría (seguramente no todos) de esos criminales hubieran preferido, de tener la opción, un trabajo digno, seguro, honrado. Ahora parece muy tarde, pero nunca lo es. Creo que los seres humanos debemos (aunque sea por interés personal) darnos cuenta que no somos seres aislados, que el hambre de un niño en cualquier lugar del mundo, es nuestra responsabilidad; que la pobreza es un mal de todos y que -como dice el poeta- nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo indispensable. Que la bolsa de plástico que tiro en la calle, llegará al mar y ahogará a una foca (no es metáfora, sucede). Sólo cuando creamos, de verdad, y practiquemos las palabras de Francisco de Asis que llamaba a todos hermanos y se veía como el instrumento capaz de realizar un cambio (por pequeño que este sea, el viaje más largo comienza con un paso) las cosas se verán diferentes (por que sólo entonces vamos a ver que en verdad todos somos uno y que mientras no estemos todos bien, nadie esta bien). El cambio no vendrá del gobierno, el cambio no es volver a hacer lo que hacíamos antes, pues lo que esta pasando ahora es el inevitable resultado de nuestros actos como humanidad. El único cambio verdadero empieza con uno mismo y puede comenzar a hora mismo es cuestión de quererlo con todas nuestras fuerzas, quererlo tanto que no podamos evitar comenzar a actuar para lograrlo ¿dónde termina? sólo dios sabe.

Es difícil, hemos crecido en una sociedad que honra el individualismo. La sociedad del “yo” del “mi” y del “mío” por sobre todas las cosas. Hemos crecido creyendo que somos separados, es fácil creerlo. Es mucho más reconocer que no somos islas. Ningún hombre es una isla, dice otro poeta. Nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti.

Doblan por nosotros.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. John Donne.

miércoles, enero 05, 2011

2011, Mirando hacia adelante

Mis queridos amigos,

Pos 'ora si les falle. Tenía la intención de escribir una “projunda refleision” de fin de año, pero nomás la inspiración (las musas dirían algunos) no me llegó. Así, pasó noche buena, pasó navidad, pasó fin de año y nomás no me arrebato la inspirancia.

(Postscriptum: Una disculpa, según yo iba a escribir algo cortito pero me alargué!)

La verdad es que he tenido mucho que pensar. Personalmente llegar a los 40 ha sido interesante. Luego de sufrir anticipadamente irremediable llegada del cumple, al final me llegó como una bocanada de aire fresco. Dicen que la vida comienza a los cuarenta (claro que sólo lo dice gente de más de 40) y creo (ahora que también tengo 40) que dicen bien. Veo con mucha curiosidad y emoción los años que siguen, con hambre de seguir aprendiendo, seguir creciendo y también comenzar a evaluar que es lo que he aprendido en lo que llevo de vida. Créanlo o no, algo aprendemos, pero a veces no nos detenemos a considerarlo.

El tiempo es una cosa curiosa, ¿no? Si lo piensan es un invento de los seres humanos. Sólo nosotros tenemos noción del tiempo y su paso. Supongo que un perro o un venado no tienen idea del paso del tiempo, nunca se les hace tarde ni se les acaba el tiempo (frase curiosa en si misma). Sospecho que los niños son iguales (al menos mi hija, que no acaba de entender mis prisas en la mañana para que llegue a tiempo a la escuela). Más aún, sólo nosotros tenemos noción de que vamos a morir, y eso es lo que hace el paso del tiempo más significativo. Si fuéramos eternos (y para no desviarme del tema me limitaré a afirmar que si lo somos, aunque ese sea otro tema) ¿qué tanto nos preocuparía el paso de los años? Es más incluso si no fuéramos eternos pero viviéramos mucho tiempo, como un roble o un ciprés, también creo que el tiempo no nos preocuparía tanto. Pero al menos en esta vuelta nos tocó ser humanos (lo cual es muy bueno) y hay que lidiar con esto del tiempo.

Cuando pienso en el año que pasó, con todas sus calamidades, sus tragedias, sus noticias, sus retos, sus aventuras, sus preocupaciones, etc. No puedo dejar de sorprenderme en la cantidad de tiempo que pasamos pensando cosas que tienen tan poca importancia en el correr de los años. ¿A quien le importará en 10 años quien ganó la copa de X deporte en el 2011? Salvo por algunos cuantos, ¿que tanto recordaremos los programas de televisión que vimos, las noticias que nos sacudieron, las miles de preocupaciones que nos “ocuparon”? (No se preocupen, voy a lanzarme a escribir de la importancia de vivir en el presente, aunque sea cierto). Algún día, ustedes y yo, nos iremos. Algún día (y no sabemos cuando) toda la gente que conocimos, nuestros familiares, amigos, hijos, padres, etc. Se habrán ido también. Los edificios donde trabajamos serán derrumbados, los negocios cerrarán y otros abrirán en su lugar. ¿Dónde están hoy las preocupaciones de aquellos que murieron en el 2011? (claro que tampoco están ya sus risas, pero el punto al que quiero llegar es que al menos –supongo- cuando se estaban riendo se estaban divirtiendo).

Ciertamente el 2011 fue un año interesante para México y el mundo. Se atribuye a los chinos la “maldición”: “Ojalá vivas en tiempos interesante”. Sin duda lo son. El derrame de petróleo en el Golfo, Haiti, “Alex” en Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, “ Karl” en Veracruz, Tabasco, Chiapas y Oaxaca; Jimena Navarrete es miss Universo, la copa del mundo en Sudáfrica, el caso Paulette, el secuestro de Diego Fernández, los mineros chilenos, el bicentenario, Salvador Cabañas. Particularmente, de lo que creo más se habló (por obvias razones) es el tema de la violencia en el país, la “guerra” contra el narco, los secuestros, etc. etc. etc. etc. Y ora si que como Cantinflas, luego de muchas vueltas, es de eso de lo que quiero hablar.

A estas alturas creo que todos aceptamos, de un modo u otro que nuestras ideas forjan nuestra realidad (claro, no es tan simple como desear algo y se aparece, pero sea que creamos en términos del poder de las visualizaciones, las afirmaciones, las vibraciones (los pensamientos, al igual que la palabra e incluso la materia son vibraciones) y muchos otros esquemas, me parece que es innegable que nuestros pensamientos tienen un impacto en la realidad que percibimos.

Esto me recuerda aquel chiste del hombre que llega con el Dr. Y le dice: “Dr. debo tener algo muy grave, me toco la cabeza y me duele, me toco el estómago y me duele, me toco la espalda y me duele!” A lo que el Dr. Respondió: “lo que le pasa amigo es que tiene el dedo roto” (aplausos). Ok, no muy buen chiste, pero el punto es claro, experimentamos el mundo desde nuestra perspectiva. Nuestros pensamientos, tarde o temprano se vuelven realidad (a veces toma más de una generación para ello).

Se han puesto a pensar el grado de negatividad que existe en nuestro país. Claro me podrán decir, ¿y como no? con tanta delincuencia, violencia, crisis, etc. Cierto, pero piensen, cuantos años llevamos de negatividad? Creo que se cuentan en decenios y casi me atrevo a decir que llevamos un bicentenario de negatividad. Mucho es histórico, ¿Cómo iban a ser los indios positivos luego de ser salvajemente conquistados, arrebatados de tierras, costumbres y religión. Pero me parece que de ahí hasta ahora. Somos un país que ha crecido no gracias a nuestra visión sino a pesar de ella! Ahora, no se trata de criticar el pasado ni al país. Hay muchísimo de eso y creo que hace más mal que bien.

Se dice que según los mayas el 2012 es el fin del mundo. En verdad espero que así sea. De todo corazón deseo que sea el fin del mundo que hemos vivido en México por generaciones. Que sea el fin del México conquistado y derrotado y que sea el despertar de un nuevo México. Aunque desconfío de la metáfora, quiero pensar que tal vez la violencia que experimenta el país son los dolores de parto que anuncian el próximo nacimiento de algo nuevo. Que el “bebé” nazca vivo o muerto, depende de nosotros. Depende de dejar de quejarnos, depende de dejar de esperar que el gobierno va a cambiar y resolver los problemas (déjenme acabar con el suspenso, no lo va a hacer, es labor de cada uno de nosotros). Depende de dejar de ver a los mexicanos (que nos incluye a todos) como tranzas, flojos, etc. Depende que nos liberemos del negativismo que nos tiene como hechizados. Recuerden que nuestros pensamientos crean nuestra realidad. Sólo imaginen la cantidad de negativismo que generamos con cada crítica, con cada queja, con cada comentario negativo sobre el país, nuestra gente, la situación, el gobierno, etc.

Ahora, no se trata de cerrar los ojos a la realidad. La situación es difícil, la balas son de deveras y el peligro es real. Pero como cuando uno esta enfermo. Podemos deprimirnos y quejarnos por la enfermedad o pensar positivamente en lo que podemos hacer, en lo que aún funciona (en lugar de enfocarnos en lo que no funciona) y si no corregiros el problema al menos nos la pasaremos mejor, y me atrevo a sugerir que al cambiar nuestra actitud, estamos de hecho siendo parte de la solución. No todos tenemos el tiempo, energía o compromiso de hacer labor de voluntariado para mejorar al mundo o al país, pero al menos, cambiando nuestra actitud (y estoy hablando de un cambio de fondo, “cero tolerancia” como dicen por ahí”) podemos comenzar a activar un cambio positivo, empezando con nosotros mismos (la única persona que realmente podemos cambiar, si de cambiar se trata), influenciando positivamente a los que nos rodean (la única influencia segura que podemos tener) y dejando lo demás a Dios, el Universo, la Madre Tierra o quien gusten. Todos ellos esperan que hagamos nuestra parte, no mas ni menos.

Si los mayas tenían razón, el 2011 es un año decisivo para la evolución del país y el planeta entero. ¿Qué tal si hacemos nuestra parte? ¿Qué tal si empezamos por ser positivos? De ahí podemos seguir con visualizar un país mejor, de ahí podemos seguir expresando lo que podemos hacer para facilitar el cambio, finalmente (siempre el proceso es pensamiento-palabra-obra) terminaremos por actuar, tanto como queramos, pero todos juntos y cada uno desde nuestra trinchera, para hacer nuestra vida, nuestra familia, nuestro país y el mundo un mejor lugar.

Vamos haciendo del 2011 el mejor año hasta ahora. Vamos haciendo que esta vuelta al sol valga la pena, no sabemos si tendremos muchas más o no, pero al menos esta, vamos viviéndola como creemos que hay que vivirla. Como dijo Gandhi, vamos siendo nosotros mismos el cambio que queremos ver en el mundo.

Un abrazo fuerte y lo mejor para el 2011.