Sabedlo, soberanos y vasallos,
próceres y mendigos:
nadie tendrá derecho a lo superfluo
mientras alguien carezca de lo estricto.
Salvador Díaz Mirón
El otro día estaba pensando precisamente en el problema que vive México (y el mundo pues no somos separados) y llegué a la conclusión (probablemente limitada, tal vez provisional, pero bueno, a esa llegué) que la principal causa de la crisis no es tanto la ausencia de valores sino es resultado del egoísmo rampante que ha sido el “modus operandi” de nuestra humanidad. Por años y años, tal vez desde el inicio de la raza humana, nos hemos preocupado por nuestro propio bienestar (al grado que creemos que es natural) nos preocupamos por salir adelante, por mandar a nuestros hijos a buenas escuelas, por cambiar de carro, mudarnos a una casa más grande, etc. Todo muy bueno, uno tiene derecho al fruto de su trabajo, cierto? Cierto, pero jamás nos detuvimos a pensar ni a ver al niño pobre que pedía limosna en la esquina, al campesino que perdió su tierra, a esa madre soltera que (por las razones que fuera) tiene que trabajar de “teibolera” o prostituta para mantener a sus hijos. Logramos que nuestros hijos fueran a las mejores escuelas pero no nos preocupó que cientos (tal vez miles) de niños tuvieran que dejar de estudiar para trabajar. Logramos la casa grande sin detenernos a pensar en las miles de personas que viven en las calles. Etc. Etc. No se trata de juzgar y menos condenar lo que hicimos, total lo hecho hecho esta, sino de darnos cuenta que no podemos seguir viviendo así.
Cierto, hay también una ausencia tremenda de valores, pero hay también mucho coraje, mucho resentimiento de los despojados. Mismo que, sin aprobar, me es dificil condenar. No lo sé (afortunadamente nunca he estado en esa situación), pero sospecho que, si a mi familia le faltara lo mínimo indispensable para comer y un lugar donde dormir, luego de agotar las opciones legales (buscar trabajo, etc) si no consiguiera nada, muy probablemente también preferiría robar antes de ver a mi hijo morir de hambre o a mi familia durmiendo bajo un árbol. Es fácil juzgar a los "malos" pero esos malos sostienen un espejo que refleja nuestras fallas como sociedad, reconocer esas fallas es mucho más dificil, y los problemas no se van a solucionar con más violencia (que siempre engedra violencia y pruebas abundan) sino haciendo las cosas diferentes.
Yo estoy seguro que la gran mayoría (seguramente no todos) de esos criminales hubieran preferido, de tener la opción, un trabajo digno, seguro, honrado. Ahora parece muy tarde, pero nunca lo es. Creo que los seres humanos debemos (aunque sea por interés personal) darnos cuenta que no somos seres aislados, que el hambre de un niño en cualquier lugar del mundo, es nuestra responsabilidad; que la pobreza es un mal de todos y que -como dice el poeta- nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo indispensable. Que la bolsa de plástico que tiro en la calle, llegará al mar y ahogará a una foca (no es metáfora, sucede). Sólo cuando creamos, de verdad, y practiquemos las palabras de Francisco de Asis que llamaba a todos hermanos y se veía como el instrumento capaz de realizar un cambio (por pequeño que este sea, el viaje más largo comienza con un paso) las cosas se verán diferentes (por que sólo entonces vamos a ver que en verdad todos somos uno y que mientras no estemos todos bien, nadie esta bien). El cambio no vendrá del gobierno, el cambio no es volver a hacer lo que hacíamos antes, pues lo que esta pasando ahora es el inevitable resultado de nuestros actos como humanidad. El único cambio verdadero empieza con uno mismo y puede comenzar a hora mismo es cuestión de quererlo con todas nuestras fuerzas, quererlo tanto que no podamos evitar comenzar a actuar para lograrlo ¿dónde termina? sólo dios sabe.
Es difícil, hemos crecido en una sociedad que honra el individualismo. La sociedad del “yo” del “mi” y del “mío” por sobre todas las cosas. Hemos crecido creyendo que somos separados, es fácil creerlo. Es mucho más reconocer que no somos islas. Ningún hombre es una isla, dice otro poeta. Nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti.
Doblan por nosotros.
Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. John Donne.