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domingo, septiembre 20, 2015

Aprendiendo un nuevo lenguaje


Encuentra lo hermoso en mí; busca lo mejor de mí.  Eso es lo que realmente soy, y lo único que quiero ser.  Tal vez te tome tiempo, tal vez te cueste trabajo encontrarlo, pero encuentra lo hermoso en mi.
Red Grammer

Sé que existen.  He visto sus miradas confundidas en plazas y restaurantes.  Escuchado acaloradas discusiones en todas partes.  Casi todos los días soy testigo de su frustración y dolor en nuestras sesiones de terapia.  Padres, hijos, hermanos, esposos, patrones, estudiantes, empleados, maestros, clientes, adultos, adolescentes, niños… Gente frustrada y triste al sentirse incapaz de comunicarse con aquellos que les rodean.

Independientemente de su edad, su sexo o condición social, les oigo hacer las mismas preguntas:  “¿Por qué no me escucha?” “¿Por qué no me dice cómo se siente?” “Lo único que quiero es un poco de … (amor, respeto, comprensión, etc.) … ¿es acaso mucho pedir?”  En ocasiones, la frustración se expresa en forma de solicitud (tal vez debiera decir exigencia): “Tenemos que hablar” “Dime que te traes” “¡Escúchame!”  ¿Sabes qué?...  ¡olvídalo!”  Otras veces suena a acusación: “No te importo, ¿verdad?” “simplemente no me quiere escuchar” “Sólo lo hace para hacerme enojar” “¡Sabes exactamente de lo que estoy hablando!”  Finalmente, en la medida que la frustración va en aumento, empiezan a recurrir a exageraciones “¡hemos hablado de esto un millón de veces!”  “¡Nunca me pones atención!” ¡Siempre es lo mismo contigo!”

¿Suena familiar?  Te aseguro que no estás sol@.  Desafortunadamente saberlo no te será de mucho consuelo. 

Si entendemos como “violenta” aquella conducta que ocasiona dolor o daño a los demás, podemos concluir que todas las expresiones de arriba, aunque bien intencionadas, califican como violentas.  Decirlas muy probablemente no mejorará la comunicación, por el contrario, provocarán resentimiento, rechazo, confusión y más distanciamiento.
Pero ¿por qué lo hacemos? 

Muchos de nosotros fuimos educados mediante críticas y comparaciones.  Los bien-intencionados adultos a cargo de nuestra formación, nos enseñaron a sentirnos inadecuados, a creer que éramos responsables de sus sentimientos y que los demás podían hacernos sentir de una forma u otra (enojados, contentos, tristes…).  Fuimos manipulados para sentirnos culpables y avergonzados (u orgullosos y queridos) por nuestras acciones, entrenándonos para actuar de tal o cual forma.  Nos enseñaron que existe un modo “correcto” y otro “incorrecto” de ser.  Se nos enseñó a ser “buenos” y se nos advirtió que no fuéramos “malos” (o se nos castigó por serlo).  Aprendimos a actuar inteligentemente y a ser niños buenos, por miedo a ser rechazados o regañados por ser estúpidos o malvados. 
No estoy criticando a nadie, simplemente señalando los métodos usados para lograr que nos ajustáramos a ciertas normas; y sugiriendo que nos relacionamos con los demás siguiendo los mismos métodos, con nuestros hijos, pareja, compañeros de trabajo e incluso desconocidos.  Dicho sea de paso, este es también el modo en que la mayoría de las escuelas, las organizaciones y los gobiernos funcionan.  ¡No es de sorprender que exista tanta violencia en el mundo!

¿Te sientes frustrado?  ¿Triste?  ¿Desearías que existiera otro modo de ser y relacionarte con los demás?  Lo hay.  Un modo de comunicarse que no implica juicios de bueno o malo.  ¿Interesado?  Debo advertirte que aprender a comunicarse de ese modo puede obligarle a “mudarse” a un mundo donde nadie este compitiendo por mejor que el otro.  Un mundo donde no existe gente mala o egoísta, ni ganadores o perdedores, sino gente llena de amor, haciendo lo posible por hacer del mundo un lugar más maravilloso para ellos y para los demás.  ¿Suena como algo salido de un cuento de hadas?  Si te cuesta trabajo creerlo, es quizá porque es algo tan lejano a nuestra realidad que parece imposible, pero te aseguro que lo es. 

¿Cómo lograrlo?  Comenzando por aprender a comunicarse contigo mism@ y los demás de una manera más compasiva.  Aprendiendo a identificar tus sentimientos y expresarlos abiertamente, respetando al mismo tiempo los ajenos.  Aprendiendo a escuchar y valorar tus necesidades y las de los demás, considerándolas no como cargas o molestias, sino como expresiones de lo que realmente le importa.  Aprendiendo a pedir (no exigir) lo que necesitas, siendo capaz también de escuchar empáticamente las necesidades del otro, considerándolas al menos tan importantes como la propias. 

¿Todavía suena demasiado bueno para ser verdad?  Si dudas que sea posible, ¿estás al menos dispuest@ a preguntarte por qué? ¿De dónde viene la resistencia a aceptarlo?  Será posible que la programación que viene desde la infancia es tan poderosa que te impida incluso considerar la posibilidad de que sea cierto?  ¿Estás dispuest@ a intentarlo, incluso si suena ridículo?  Espero que sí, el mundo definitivamente necesita más gente dispuesta a intentar algo diferente (además, ¿Qué puedes perder?)

Si vives en el área de Monterrey, los días 25 y 26 de septiembre habrá un taller sobre este tema.  Para mayor información, Alma Rosa Beltrán al (442) 81-8010-3742 o almarosabeltran1@gmail.com o con Sergio Rodríguez Castillo a sergio@psique.org.mx

Por Sergio Rodríguez
Psicoterapeuta, especialista en relaciones, crecimiento e integración.


martes, agosto 25, 2015

¿Podemos vivir sin estrés, ansiedad y miedo?


Hace muchos años un atribulado Áryuna le preguntó a Krisna como reducir su angustia, a lo que el dios respondió que actuara sin apegarse al fruto de sus acciones. Años más tarde, el Buda proclamó que el mundo entero se estaba incendiando, consumido por las llamas del dolor, la tristeza, la pena y la desesperanza, sugiriendo como “extinguidor” la toma de consciencia.  Unos cuantos años después, Jesús invitaba a sus discípulos a vivir libres de preocupaciones y no preocuparse por lo que van a comer o beber, o por la ropa que van a ponerse, poniendo como ejemplo a los cuervos y las flores del campo.

Sin embargo, ninguno de ellos tenía que lidiar con las crisis que estamos enfrentando en prácticamente todos los frentes.  Devaluaciones, inseguridad, deudas, calentamiento global, etc.  Más aún, ellos no estaban rodeados por teléfonos inteligentes demandando nuestra atención (emails, twitter, facebook, whatsapp, etc.), cientos de canales de cable o el Internet; ni eran bombardeados constantemente con información que “debemos” saber, ofertas que “tenemos” que aprovechar y cien mil cosas que más nos vale tener o conocer, o de lo contrario poco a poquito nos iremos quedando irremediablemente atrás.  En resumen, ellos vivieron en tiempos mucho menos estresantes que los nuestros. ¿Cierto?  

¿Tienen alguna relevancia en nuestras ajetreadas vidas las enseñanzas de estos maestros de tiempos lejanos? ¿Es posible vencer la ansiedad, el miedo y el estrés o es un privilegio exclusivo de seres iluminados? ¿Existe alguna conexión entre la sabiduría milenaria y nuestra realidad cotidiana? ¿Qué han descubierto las ciencias modernas al respecto? ¿Hemos aprendido algo en los últimos 3000 años sobre cómo lidiar con el estrés y alcanzar la felicidad?

Tal vez es imposible eliminar completamente el estrés, el miedo y la ansiedad de nuestras vidas, pues parecen ser parte inherente de estar vivo.   Desafortunadamente muchos, al verse plagados por estas aflicciones, optan por anestesiarse para no sentirlas, usando alcohol, drogas, la televisión, el trabajo, el sexo, etc. o construyen muros a su alrededor. Pero estas estrategias no funcionan, y sólo sirven para insensibilizarles y robarles la experiencia de estar vivos. 

Para lidiar con el estrés, la ansiedad y el temor, uno no tiene que escapar de la realidad ni evitar vivir, con la falsa esperanza de evitarles. Por el contrario, es necesario aceptar la vida en su totalidad, incluyendo dificultades, dolor, tristeza y decepciones, al igual que alegrías, éxtasis y el amor.  Abrazar, en palabras de Zorba el griego, “la catástrofe total”.

¿Pero cómo hacerlo?  Es imposible dar respuestas sencillas; sin embargo podemos ofrecer algunas sugerencias: Reconectar con nuestro cuerpo, nuestra postura y hábitos alimenticios, vivir en el presente, aprender a reconocer nuestros pensamientos e interrumpir la costumbre mental de “catastrofisar” el futuro; son sólo algunos ejemplos de cosas a nuestro alcance para influenciar nuestros sentimientos, liberarnos del yugo del estrés en nuestra existencia y comenzar a disfrutar más nuestras vidas.

Una estrategia que ha probado científicamente su eficacia, es el Programa de Reducción del Estrés basado en Mindfulness (PREM).

“Mindfulness” significa poner atención a lo que está ocurriendo, sin juzgar ni criticar.  El programa desarrollado por Jon Kabat-Zin en la Universidad de Massachusetts y con más de 30 años de investigaciones científicas, ha probado su efectividad (reducción del 35% en síntomas médicos y 40% en síntomas psicológicos), por lo que se ha extendido por todo el mundo. Versiones del PREM, actualmente se imparten  en universidades como Cambridge, Oxford, Harvard y Stanford, hospitales como Weill Cornell de Nueva York, MedStar  Health en Washington y el Hospital de Massachusetts, así como empresas  como  Google,  Nike,  Twitter, Ford, Procter &  Gamble y Toyota, entre muchas más.

La práctica del PREM ayuda con:

·   Problemas de estrés
·   Enfermedades cardiacas
·   Presión arterial
·   Conductas obsesivo-compulsivas
·   Problemas de sueño
·   Dificultades gastrointestinales
·   Depresión
·   Problemas de pareja
·   Abuso de sustancias
·   Desórdenes alimenticios
·   Ansiedad
·   Fortalecimiento del sistema inmunológico
·   Dolor crónico
·   La neuroplasticidad del cerebro.

El PREM es una herramienta para mejorar nuestra capacidad de trabajar y amar a los que nos rodean y a nosotros mismos, ayudándonos a vivir vidas más plenas. 

Los días 11 y 12 de septiembre habrá un taller sobre el PREM en Querétaro.  Para mayor información, no dudes en contactarme a: sergio@purna.org.mx

Por Sergio Rodríguez
Psicoterapeuta, especialista en relaciones, crecimiento e integración.