Buscar este blog

martes, diciembre 13, 2005

Las enseñanzas de Ramakrishna (1)



A veces la mejor forma de entender lo propio, es verlo desde un lente totalmente distinto. Eso me pasó cuando estando en Inglaterra pude voltear a ver a México y verlo desde otra perspectiva. En ocasiones esta uno tan inmerso en su propio mundo que es difícil ver más allá de los árboles que tenemos en frente. En esas ocasiones, hace bien cambiar la perspectiva y ver por encima de la copa de los árboles.

Eso me pasó al comenzar a leer las enseñanzas de Sri Ramakrisha, me ayudó a entender la tradición católica de una manera distinta.

Aclaro que estoy haciendo trampa, pues obviamente las frases, sentencias y parábolas que siguen no las escribí yo, sino simplemente las traduje (y sólo algunas), pues me parece que valen muchísimo la pena. Pero (como siempre digo) tal vez estoy totalmente equivocado...


Las enseñanzas de Ramakrishna (1)

1. Por la noche, uno puede ver muchas estrellas en el cielo; pero dejamos de verlas cuando sale el sol. ¿Podrías afirmar que no existen las estrellas en el cielo durante el día? Del mismo modo, no niegues la existencia de Dios debido a que no puedes verlo durante el día de tu ignorancia.

4. Muchos son los nombres de Dios, y son infinitas las formas que nos llevan a conocerlo. Sea cual sea la forma y nombre por el que tu decidas llamarlo, precisamente en esa forma y nombre es como tu le verás.

5. Cuatro ciegos fueron a ver a un elefante. Uno tocó la pierna del elefante y dijo “El elefante es como un pilar.” El segundo tocó la trompa y dijo “El elefante es como una rama o un tronco ancho.” El tercero tocó el vientre y dijo “El elefante es como una olla muy grande.” El cuarto tocó la oreja y dijo “El elefante es como un abanico.” Luego comenzaron a discutir entre ellos sobre la forma del elefante. Alguien que pasaba, los escuchó discutir y les preguntó ¿Por qué discuten? Le explicaron su disputa y le pidieron que emitiera una resolución. El hombre respondió “Ninguno de ustedes ha visto al elefante. El elefante no es como un pilar, sus piernas son como pilares. No es como una olla, su vientre es como una olla. No es como un abanico, sus orejas son como un abanico. No es como un tronco ancho, su trompa lo es. El elefante es una combinación de todo esto. Del mismo modo, aquellos que discuten, sólo han visto un aspecto de la Divinidad.

15. El Maestro dijo: “Todo lo que existe es Dios” El discípulo lo entendió al pie de la letra, pero no comprendió su verdadero espíritu. Mientras iba atravesando la calle, se encontró con un elefante. El jinete (mâhut) le gritó “¡hazte a un lado, quítate del camino!” Pero el discípulo pensó “¿Por qué habría de moverme? Yo soy Dios y el elefante también es Dios. ¿Por qué habría Dios tener miedo de sí mismo?” Pensando esto, permaneció en su lugar. Finalmente el elefante lo agarró con su trompa y lo hizo a un lado. Muy lastimado, regresó con el Maestro y le contó su aventura. El Maestro le dijo, “Muy bien, tu eres Dios y el elefante también es Dios, pero Dios mismo, en la forma del jinete te estaba advirtiendo del peligro. ¿Por qué no escuchaste sus advertencias?”

21. Dice Dios, “Yo soy la serpiente que muerde y el encantador que cura la mordida; soy el juez que condena y el verdugo que da los latigazos.”

22. Dios le dice al ladrón que vaya a robar, y al mismo tiempo le advierte al dueño de la casa.

25. Así como no es posible ver desde afuera a los peces que juegan en un estanque cubierto de lirios y plantas, Dios juega en el corazón de los hombres sin ser visto, debido a Maya (el mundo material, la ilusión) que impide lo veamos.

26. Un hombre que estaba sentado bajo el Kalpa-vriksha (el árbol de los deseos) deseó ser un rey, y al momento era rey. Acto seguido deseo tener una hermosa dama a su lado, y la dama apareció de inmediato. Entonces el hombre pensó para sus adentros, “...que pasaría si un tigre apareciera y me comiera...” y ¡zaz! ¡en un instante se encontró en las garras de un tigre! Dios es como el árbol de los deseos: todo aquel que en su presencia piensa que es pobre y desamparado, permanece en tal estado, pero aquel que piensa y creé que el Señor cumple todos sus deseos, recibe todo de Él.

38. Hay dos ocasiones en las que Dios se ríe de los hombres. La primera cuando dos hermanos separan los bienes de la familia y dicen “esto es mío y eso es tuyo”; y la segunda cuando, el doctor le dice a un paciente en su lecho de muerte “yo lo voy a curar”.

40. El sol es muchas veces mayor que la tierra, pero debido a lo lejos que se encuentra, nos parece un pequeño disco. Del mismo modo, el Señor es infinitamente grande, pero debido a lo lejos que estamos de Él, nos es muy muy difícil entender su verdadera grandeza.

79. Mientras escuches a un hombre gritar “Allah Ho!” “¡Allah Ho!” (Oh Dios! Oh Dios!), ten la certeza que no ha encontrado a Dios, pues aquel que lo encuentra, guarda silencio.

80. Mientras la abeja esta fuera de los pétalos de la flor, y no ha probado aún su miel, se mueve de un lado a otro, merodeando la flor y zumbando; pero tan pronto entra en la flor, prueba el néctar silenciosamente. Del mismo modo, mientras un hombre sigue discutiendo sobre doctrinas y dogmas, es que aún no ha probado el néctar de la verdadera fe; cuando lo haya probado no tendrá necesidad de discutir más y estará en silencio.

81. Los niños pequeños juegan con sus juguetes sin preocuparse de nada, pero tan pronto entra su mamá en la habitación, ellos olvidan sus juguetes y corren hacia ella gritando “¡mamá, mamá!” Del mismo modo, tú estas jugando en este mundo, profundamente absorto con los juguetes de la riqueza, los honores y la fama, sin preocuparte de nada. Pero una vez que veas a tu Divina Madre entrar, ya no encontrarás placer en esos juguetes. Dejando todo atrás, correrás hacia ella.

85. Cuando un hombre se encuentra en el campo, observa el pequeño pasto y el majestuoso pino y dice, “¡Que grande es este árbol y que pequeño el pasto!” Pero una vez que asciende a la montaña y desde lo alto mira a ver el campo abajo, el majestuoso pino y el pequeño pasto se mezclan en una masa indefinida de verdor. Del mismo modo, a la vista del hombre mundano, hay diferencias de rango y clase, pero cuando uno adquiere la vista divina, uno no ve diferencia entre grande y pequeño.

viernes, diciembre 09, 2005

In Memoriam

Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Jaime Sabines
El distinguido visitante llegó a la casa del Maestro, quien lo había invitado a cenar esa noche. Al entrar le llamó la atención ver que el lugar estaba prácticamente vacío, excepto por un humilde catre, una mesa y un par de sillas. El visitante preguntó: “Maestro, ¿donde están todas sus pertenencias?”,
“¿Donde están las suyas?” Respondió el Maestro. “¡Pero yo estoy aquí de paso!” exclamó el visitante; “Yo también.” fue toda la respuesta del Maestro.

Anthony de Mello


En leguaje común, hoy (4 de diciembre de 2005) falleció mi padrino Mario Carballido. Como yo veo las cosas, hoy simplemente decidió dejar su cuerpo físico, pero él sigue aquí.

Cuando Ramana Maharshi (uno de los hombres más santos y milagrosos de India) estaba a punto de morir, sus discípulos le imploraban “Maestro, por favor no nos dejes” y el santo, con mucha compasión les decía “no sean tontitos ¿a donde me podría ir? Mi lugar es aquí, a su lado...” Sin querer entrar en polémicas, de algo estoy seguro; no somos nuestro cuerpo, somos mucho más. El cuerpo es materia y como tal se acaba, pero nuestra esencia, lo que realmente nos define, no esta limitado al cuerpo. Si nuestras relaciones no se limitan al cuerpo ¿como podría el fin del cuerpo acabar con ellas? la muerte simplemente no puede romper el lazo que nos une. Vivimos en el corazón y en la mente de quienes nos recuerdan. Los lazos del amor no tienen cuerpo, ni tiempo, ni espacio. Vivimos unidos en Dios, que es la fuerza que nos da vida. Dios es sólo otro nombre para el amor que nos mueve.

¿Que es la muerte? Sólo un cambio de lugar, una renovación. Todo en la naturaleza se renueva. Al invierno sigue la primavera, toda semilla “muere” para dar lugar a la planta, la “muerte” de la oruga es el inicio de la mariposa. Cada vez que un recién nacido respira aire, “muere” el ser nonato que vivía en la placenta. La luz del sol se apaga sólo para mostrarnos las estrellas. Todo es renacer, a la vida sigue la muerte y a la muerte la vida. Todo depende de la perspectiva desde donde vemos las cosas. Desde la perspectiva de la oruga, el nonato o la semilla, la muerte es una terrible tragedia. Pero si elevamos un poco la mirada, podemos ver la espiga, el niño, la mariposa. A nivel tablero, el peón en el ajedrez, sólo percibe su muerte, pero el jugador, desde otra perspectiva, sabe que nadie ha muerto, y al final de la partida, todas las fichas vuelven a la misma caja. La muerte es una tragedia sólo si se mira desde abajo.

Alguna vez leí que en la antigua Grecia, cuando alguien fallecía, no preguntaban sobre lo que había hecho, sus logros, su historia. Sólo hacían una pregunta: ¿Tenía fuego? Es decir, ¿había pasión en su vida? ¿Vivió feliz? ¿Disfrutó el tiempo que pasó aquí? Cuando pienso en mi padrino, sólo puedo responder que sí. Siempre lo recuerdo sonriendo, bromeando. Un hombre con mucho que contar, un hombre luchador, que supo de momentos duros y también de mucha alegría. Un esposo y un padre de familia feliz. Un hombre con una vida completa. Era sólo cuestión de hablar con él unos momentos, de escucharlo para saber que amaba la vida, que fue feliz. Sin duda mi padrino tenía fuego.

Pero eso no nos consuela por ahora. Es momento de llorarlo, de recordar todos los buenos momentos, de extrañarlo. Los que seguimos en el tablero sin duda lo vamos a recordar mucho, y al hacerlo, él estará a nuestro lado, hasta que llegue nuestro momento de ir hacia la luz, nuestro momento de continuar el viaje. Seguro que cuando así sea, me va a saludar “quiubo Checolín”.

Hasta pronto padrino.
- 0 - 0 - 0 - 0 -

No te detengas ante mi tumba a llorar,
No estoy ahí.
No estoy dormido.
Yo soy el viento que sopla.
Soy la luz del sol.
Soy la risa en cada niño,
Y el brillo en sus ojos...

Cada que despiertes,
Apurada en la mañana,
Yo estoy ahí, contigo;
Cada vez que me recuerdes,
Cada vez que quieras hablar conmigo,
Habla, yo te escucharé,
Yo estoy aquí, siempre a tu lado...

Estoy en las mil estrellas,
Que brillan cada noche.
Así que no te detengas ante mi tumba a llorar,
Yo no estoy ahí.
Yo estoy contigo.
En tu corazón, donde jamás me iré.

Mary Elizabeth Frye

Avidyanath© 2005

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...