Buscar este blog

sábado, abril 02, 2022

¿Quién se va? ¿Qué se lleva?

La madrugada del martes 29 de marzo del año 2022, falleció el profesor Guillermo Castillo Nava, mi suegro.  Nos cuentan que ya estaba sufriendo mucho. Mi esposa me dice que él les enseño que cuando un animal sufre, por compasión hay que ayudarlo a morir.  La muerte de mi suegro fue natural, pero esa idea, la de evitar sufrimiento innecesario, nos brinda consuelo de que fue lo mejor.  Casi parece que él decidió cuando iba a morir.  Insistió en que lo llevaran a su casa (había estado en casa de uno de mis cuñados) y murió en la misma cama que murió mi suegra tan sólo un año antes.

Cuando una persona muere, usamos todo tipo de eufemismos para que "no se oiga tan feo".  Yo mismo lo estoy haciendo aquí.  La persona "descansó", "pasó a mejor vida", "se nos adelantó", "se fue al cielo" etc.  Estas frases piadosas tratan de suavizar el golpe de decir que alguien ya no está con nosotros.  

Se entiende. Al fin y al cabo ¿quién nos puede decir con seguridad que pasá "del otro lado"?  Las distintas religiones nos dan sus respuestas.  Tenemos también los reportes de quienes han muerto y vuelto a la vida. Nos hablan de una luz blanca brillante, de una presencia amorosa, de encontrar a seres queridos, santos, ángeles o avatares que dan la bienvenida al recién llegado.  Pero la verdad, el fin de la vida, al igual que su inicio, son un misterio. A lo mejor es a propósito. Tal vez no se supone que debamos saber. Quizá echaría a perder la sorpresa...

Pero el deceso de mi suegro me hace pensar en lo que deja detrás y lo que se lleva.  Sin duda no se lleva su recuerdo, que seguirá vivo en nuestro corazón.  También nos deja su ejemplo, que trataremos de honrar en nuestras acciones.  Su memoria, sus consejos, sus bromas, sus anécdotas, todo ello queda.  Quedan además sus pertenencias y la dura labor de decidir qué hacer con sus camisas, con su colección de estampillas, con las medicinas que se quedaron a medias, con los chocolates que estaba guardando para cuando mejorara, los libros de Sudoku sin terminar, con sus sillón predilecto, con sus lentes para leer, papeles y papeles, las recetas médicas con las instrucciones para cuidar a su enferma esposa, la botellita casi nueva de aceite para el cabello... Son muchas cosas las que deja, recuerdos, fotos amarillas, radiografías, sentimientos encontrados, añoranza, agradecimiento, paz, tristeza...  Alguien dijo, una persona amada nunca se va del todo.  Se queda con nosotros y el amor que le tuvimos le mantiene vivo. Concuerdo.  Pero entonces ¿qué se va?

Se va el cuerpo.  Se va la posibilidad de abrazarlo, besarlo y hasta olerlo.  Se va también (aunque tal vez en menor medida) la posibilidad de platicar con él.  De compartir una broma, pedir un consejo, de ver su rostro iluminarse cuando nos pelaba papaya o mango (o una salsita picosa con chiles de su jardín, una chocha, o cuajada...).  Con ello se lleva también su sazón y sus infinitos conocimientos sobre el rancho y sus animales (muchos transmitió a sus hijos, pero se sería imposible compartirlos todos).  Se lleva también una historia, un universo del que sólo sabemos detalles.  Se lleva su muy especial forma de ver el mundo, lo que sintió cuando se comprometió con la que sería su compañera de toda la vida, su orgullo al ver crecer a sus hijos, la satisfacción de ver a un alumno finalmente resolver un problema, el gusto de cargar y ver crecer a cada uno de sus nietos, su opinión sobre la forma en que estaba cambiando el mundo.  Cuando alguien se va, se lleva también sus recuerdos ¿cómo se veía su mamá cuando era niño? ¿cómo era la voz de su padre de joven? las bromas de sus compañeros de Tamatán, los aromas de su rancho.  También se lleva sus sueños e ilusiones, los alcanzados y los que no se llegaron a completar.  Con él se irán los espacios físicos.  Pronto la casa de los abuelitos dejará de serlo, otros inquilinos vendrán, pintarán la casa y forjarán sus propias memorias.  Nosotros pasaremos por ahí y le diremos a nuestros hijos (y tal vez nietos) "¿te acuerdas que en esa casa, vivían tus abuelos?" o "en esa casa (que tal vez ahora es una oficina o un Oxxo) pasé mi infancia".  

Estoy convencido que morir no es algo que hay que temer o lamentar.  Es la única certeza que tenemos. El precio del boleto para entrar en esta vida es saber que algún día, tarde o temprano, vamos a morir.  Que nos volveremos a fundir en esa luz (que muchos llaman Dios) de dónde venimos y que será al menos tan hermosa como la vida que dejamos atrás (por que con todo y todo, la vida es hermosa). Incluso me atrevo a decir que habría que estar feliz por el que se va.  Pero, todo eso no cambia el hecho de que el que se va deja un hueco inmenso en nuestro corazón.  Un vacío que nada ni nadie podrá jamás llenar, y que es más, no debe ser llenado.  El tamaño de ese hueco va en proporción directa el amor profesado.  Llorar purifica el alma y es un homenaje al amor que sentimos y seguiremos sintiendo por esa persona que se nos adelantó y que tal vez, literalmente o como energía, volveremos encontrar cuando lo alcancemos.  Pero mientras tanto, hay que llorar, dejar fluir esas lágrimas agridulces de agradecimiento por haber conocido a la persona amada y de dolor por que ya no estará aquí.

Descanse en paz Don Guillermo. Querido suegro, deja mucho, pero se lleva también mucho.  Nos quedamos atrás, con la esperanza de reencontrarnos, de alguna manera u otra algún día.  En lo personal, como le dije muchas veces, le agradezco confiarme a su hija.  Yo acá se la cuido.  Como usted, haré todo lo posible para seguir su ejemplo y ser un buen padre, esposo, hermano y un hombre de bien.  Ojalá, al final de mis días pueda decir como usted "se hizo lo que se pudo". Misión cumplida.

En Serio
Te digo en serio que la muerte no existe. De pronto lo
descubres. Cuando el pedazo de carbón no es más
madera quemada sino carbón a solas, lleno de sí mismo,
con su propia vida; cuando la corteza del árbol o la hoja
desprendida flota sobre el arroyo, y la piedra en el fondo
junto a los caracoles crece mansamente; el agua llena de
tantas cosas minúsculas, llena de luz, de música, de insectos
destruidos, de zancudos cristianos caminando sobre
su superficie; el agua que se bebe la sombra de los
árboles; el ganado a su orilla, las quietas vacas en el
viento, el viento quieto como una transparencia; toda la
tarde, todo el concierto, la armonía, el deslumbrante
misterio que estaba allí a tu alcance, tan sencillo y tan
simple. Y tú dentro de todo, con todo en ti mismo. -Te
digo que sólo la vida existe.

Jaime Sabines

 

lunes, marzo 01, 2021

Nadie muere - En memoria

Ayer dejo su cuerpo mortal Eva Rodríguez Salina. 

Digo ¨dejó su cuerpo¨ porque decir ¨murió¨ de alguna forma no hace justicia a lo que pasó. Cierto, el cuerpo dejó de respirar, cierto, la boca dejó de sonreír, cierto, sus ojos ya no verán más. Pero todo eso me habla del cuerpo, no de ella. El cuerpo es finito. El cuerpo se cansa, el cuerpo se enferma, el cuerpo muere. Pero ella no murió, sólo dejó atrás un cuerpo que ya no le servía como era debido, un cuerpo que se había vuelto pesado. Sólo eso, dejó atrás su cuerpo. Ella no murió. ¿Cómo podría morir? 

Cuenta la historia que cuando Ramana Maharshi, un sabio hindú estaba muriendo (llevaba tiempo enfermo) sus discípulos lloraban y le pedían que no se fuera, a lo que el contestó "¿Irme, a dónde habría de irme? Yo siempre estaré aquí". Él lo tenía muy claro, era necesario liberarse de su cuerpo, pero él no tenía por qué partir. 

¿Cómo medir una vida terrenal? ¿Es acaso por las obras que dejamos detrás? ¿Por los hijos que criamos y los nietos que ellos a su vez criarán? ¿Por los lugares visitados? ¿Por las vidas que tocamos? Ciertamente no hay una sola medida que pueda incluir toda la complejidad de una historia. 

A todos se nos da el mismo obsequio al nacer. Una vida. No importa si es corta o larga, no importa si ocurre en la pobreza o la riqueza. Esa es la mano que nos toca jugar y cómo la aprovechemos (o no) es cosa nuestra. Eva fue una mujer de su hogar y de trabajo. Crio 4 hijos, tres varones y una mujer. Yo la pude conocer, pues me tuvo la generosidad de confiarme a su única hija. Cada día busco merecer esa confianza. 

Vivió, trabajó, rio, hizo tortillas de harina, cocinó cabrito, se quejó y disfrutó. Alegaba con su marido, don Guillermo, y también bromeaba. Recordaba su juventud, los bailes que organizaba de chiquita, la tienda de su papá. Su casa en "la Ribereña" que no sabía cómo iba a llenar cuando recién la conoció (pero que bien pudo llenar de recuerdos, de fotos, de detalles, de "tilicherio"). Vivió, como todos vivimos (u ojalá vivamos) lo mejor que pudo vivir. Nadie vive una vida perfecta ni libre de arrepentimiento. Eso es imposible. El chiste es vivir, según nuestras circunstancias y posibilidades, la mejor vida que podamos vivir, amar todo lo que podamos, servir como se nos sea dado e irnos satisfechos por lo logrado. Tal vez esa sea la mejor medida de una buena vida. Cuanto reímos, cuanto servimos, cuanto amamos, cómo seremos recordados. 

Dejar el cuerpo atrás no debe ser fácil. Dejar atrás a los seres queridos con quienes compartimos tantas risas, tantas preocupaciones, tantos momentos; debe ser complicado. ¿Como despedirnos del compañero de más de 50 años, de los nietos, del cafecito...? Todo es inicio y despedida. Cada día, cada encuentro, cada momento lleva en sí mismo la promesa de su final. Pero una vez más, esas son sólo apariencias. Recordemos a Ramana Maharshi, ¿a dónde habíamos de irnos? ¿dónde habríamos de dejarlos? No, sólo dejamos atrás lo material. Los viejos edificios, los utensilios de cocina, la ropa, el cuerpo. Los recuerdos, los sentimientos, las relaciones se quedan con nosotros (los que se van y los que nos quedamos). Nada se pierde, todo permanece. 

Me han dicho (y creo que con razón) que la muerte no es muerte, es sólo transición. No existe la muerte en la naturaleza. La semilla "muere" para dar vida a la planta, la flor "muere" para dar vida al fruto. Tal vez nosotros también "morimos" para seguir floreciendo. Floreciendo en nuestros hijos, floreciendo en nuestras palabras, floreciendo en el recuerdo que dejamos en aquellos que nos amaron. Doña Eva sigue floreciendo en cada risa de sus hijos, en cada vez que recordamos algo que decía, en cada tortilla de harina que hagan sus nietas, bisnietos y demás. ¿A dónde habría de irse? No, no se ha ido, ella siempre seguirá aquí. 

Descanse en paz Eva Rodríguez Salinas. Se va con la satisfacción de la meta cumplida, la labor terminada, la misión satisfecha. Tu cuerpo se fue, pero tú nunca te irás. Serás bien recordada. ¡Hasta siempre!

No te detengas ante mi tumba a llorar, 
No estoy ahí. No estoy dormida. 
Yo soy el viento que sopla. 
Soy la luz del sol. 
Soy la risa en cada niño, 
 Y el brillo en sus ojos... 

Cada que despiertes, 
Apurada en la mañana, 
Yo estoy ahí, contigo; 
Cada vez que me recuerdes, 
Cada vez que quieras hablar conmigo, 
Habla, yo te escucharé, 

Yo estoy aquí, siempre a tu lado... 
 Estoy en las mil estrellas, 
Que brillan cada noche. 
Así que no te detengas ante mi tumba a llorar, 
Yo no estoy ahí. Yo estoy contigo. 
En tu corazón, donde jamás me iré. 
Mary Elizabeth Frye

martes, septiembre 26, 2017

México, ya es hora

La novela “Regina” de Velasco Piña, gira en torno a la idea de que México está por despertar y que la masacre de Tlatelolco del 2 de Octubre del 68 es el “sacrificio” que sacaría a la nación de su letargo. Sin entrar en detalles, la historia cuenta que México no despertó.

Obviamente se trata de una novela, sin embargo muchas veces la ficción refleja la realidad con más claridad que la historia. ¿Quién podría negar que el Quijote o Hamlet incluyen en su ficción grandes verdades y enseñanzas?

Efectivamente México no estaba listo para despertar.  Del 68 para acá pareciera que el país ha caído en una espiral descendente. Cada vez más corrupción, cada vez más violencia, cada vez más crimen, cada vez más apatía.  Escándalos que involucran a la clase política, violencia desmedida, pobreza, hipocresía, cinismo, pesimismo y falta de fe en la nación, parecen plagas que van devorando al país ubicado en el ombligo de la luna*, sin que nadie pueda hacer nada al respecto.

El 19 de septiembre pasado, México fue sacudido por uno de los terremotos más fuerte de su historia. Me pregunto si una sacudida como esta es lo que necesitaba el país (y todos nosotros).   Tal vez, ahora sí,  es hora de despertar.

Hoy vemos cosas que tal vez nunca se habían visto en México. Hombres y mujeres organizados sin necesidad de autoridad externa para rescatar sobrevivientes de entre los escombros.  La población entera desbordada con toneladas de ayuda proveniente de todo el país para ayudar a los damnificados.  Muestras de solidaridad por parte de la iniciativa privada e incluso –algo en verdad sorprendente- hasta los partidos políticos dispuestos a devolver parte de sus millonarios recursos, luego de –otra vez- la presión organizada por parte de la sociedad.

Cierto, no todo es positivo. Ya empiezan circular mensajes negativos criticando la labor del presidente, agrupaciones religiosas, el gobierno, etc.  Nada de ello debe sorprendernos, pero tampoco nada de ello eclipsa de manera alguna el amor, la solidaridad, la entrega y la efectividad del pueblo mexicano.  Hay muchas más manos ayudando que bocas criticando.

Es fácil volver a dormir. Sólo se requiere apatía y desinterés.  Es fácil olvidar de lo que somos capaces. Pero tal vez estamos siendo testigos del inicio de algo nuevo.  Así como cada voluntario actuó por convicción propia y en armonía con los demás.  ¿Será posible que los mexicanos y mexicanas permanezcamos despiertos?

Por supuesto que este terremoto es una tragedia que nadie quisiera que hubiese ocurrido y que esperamos no vuelva a ocurrir. Pero sin duda la sacudida despertó algo en espíritu de nuestra nación.  Algo que siempre hemos sabido pero que habíamos olvidado. Somos un país más grande que sus políticos corruptos. Somos un pueblo más fuerte que el crimen organizado. Somos una nación con un espíritu noble y poderoso que ni toda la apatía, el sarcasmo y la ironía pueden doblegar.  Es tiempo de seguir buscando sobrevivientes. Es tiempo de sanar heridas. Es tiempo de remover escombros y reconstruir nuestro país.  

Espero de todo corazón que no olvidemos de lo que somos capaces. Que la muerte de tantos hermanos y hermanas mexicanas no sea en vano.  Que esta tragedia tan dolorosa que nos ha despertado abruptamente de nuestro letargo no se olvide. Nunca olvidemos lo que juntos podemos lograr. 

En el musical que se hizo de la referida novela, una de las canciones dice “un milagro sólo ocurre cuando hay gente  que lo cree” Hoy, más que nunca, creo en México.  México lindo y querido ¡levántate! es hora de despertar.

Sergio Rodríguez Castillo




La palabra “México” proviene del náhuatl "meztli", luna, y "xictli", ombligo, es decir, que el nombre literal significa "en el ombligo de la Luna".

miércoles, septiembre 20, 2017

Primeros Auxilios Emocionales luego del terremoto

Por supuesto que en este momento lo principal es rescatar al mayor número de personas vivas posibles y atender a los heridos, sin embargo en crisis como esta, es fácil olvidarnos de los efectos psicológicos de un evento traumático.  No solo las personas que quedaron atrapadas, sino todos aquellos que vivieron la experiencia del temblor (e incluso aquellos que lo vivieron por televisión) corren el riesgo de quedar traumatizados por la experiencia y desarrollar síntomas del estrés postraumático.

“Trauma” suena como algo terrible, pero se trata de una respuesta humana normal de cualquier persona al enfrentar una situación extrema. Trauma es simplemente un estado de conmoción luego de un evento peligroso que puso en peligro nuestra vida.
Obviamente hay mucho que decir al respecto (al final incluyo referencias para más información) pero en este momento estoy escribiendo esto brevemente para informar sobre cómo evitar que los efectos del terremoto se conviertan en un problema a largo plazo.

Primero lo primero:

1) Atiende lesiones y necesidades físicas.
2) Asegúrate de ir a un lugar seguro.
3) No trates de actuar como si nada hubiese pasado, no te hagas el/la fuerte.
 4) Mantente sec@, caliente y a salvo.
5) Siente tus emociones. Llorar, expresar miedo, dolor y confusión son respuestas naturales y no se deben reprimir (es mucho mejor que desensibilizarse y andar como zombi).
6) En ocasiones el cuerpo necesita sacudirse y temblar para deshacerse de la energía acumulada. Esto también es normal.
7) Si tu o alguien quiere hablar de su experiencial, es importante escucharl@ sin interrumpir o cambiar el tema.
8) En la medida que sea tolerable, siente e invita a los demás a mantenerse en contacto con lo que siente y que ocurre en el cuerpo.

Algunas sugerencias

  • No te aísles, rodéate de familiares y amigos y apóyense mutuamente. Todos sufrimos esta experiencia juntos y juntos vamos a salir adelante.
  • Es entendible querer saber que está pasando, sobre todo si hay seres queridos desaparecidos; sin embargo, las imágenes en medios pueden complicar tu situación emocional.  Obtén la información necesaria pero no te claves viendo imágenes y videos perturbadores.
  • Enfócate en los recursos que tengas disponibles para mantener tu calma, recuperar tus fuerzas y mantenerte centrad@. Mantente ocupad@, si te es posible, ayuda a otros. Ayudar enfoca tu energía al exterior y te empodera para recuperar el equilibrio y la sensación de control. 
  • Habla de lo ocurrido.  Hablar es una forma en la que procesamos el trauma.  Si ves que alguien tiende a repetir la misma historia una y otra vez, haz preguntas que les ayuden a procesar la experiencial y sus emociones.
  • En el caso de los pequeñ@s, permíteles contar su historia. Si son muy pequeños, invítales a que dibujen o usen juguetes para procesar lo ocurrido (no te preocupes si no parece que lo están haciendo “bien” tu labor es crear el espacio para que ellos hagan lo necesario).
  • Una vez que hayas recuperado algo de equilibrio, asegura a tus pequeñ@s que van a estar bien. Que estás ahí para cuidarlos y protegerlos. Ell@s necesitan esa seguridad.
  • No reprimas tus emociones ni pidas a tus pequeñ@s que lo hagan.  Claro que hay momento y lugar para todo, pero cuando lo necesites date “permiso” de llorar y pedir apoyo.  El contacto físico es muy importante. Pide y da abrazos largos y reconfortantes. Pasamos una aterradora situación y todos necesitamos sentirnos seguros y saber que hay gente que nos apoya. No estas sol@.
  • Si profesas alguna religión, haz oración, reza por los que no sobrevivieron esta tragedia, por la salud de los heridos, por la fuerza y pronta recuperación de los damnificados. Pide paz y entendimiento, ora por el bienestar de todos los que sufren y por que pronto juntos, todos salgamos adelante.

Un terremoto es un evento traumatizante y aterrador, pero los seres humanos somos increíblemente resilientes y los mexicanos hemos demostrado antes nuestra capacidad de recuperarnos de estas tragedias.  Aunque es terrible que antes hayamos pasado por esto, esa experiencia nos da la absoluta seguridad de que juntos saldremos adelante, más fuertes, más sabios y más unidos.
Estoy a tus órdenes si tienes alguna duda sobre este documento o apoyarte para salir adelante de esta crisis.
Sergio Rodríguez Castillo
Psicoterapeuta

Ligas a recursos adicionales:

jueves, enero 05, 2017

Algo nuevo está pasando...

Hay una vieja canción de Buffalo Springfield llamada "for what is worth" que comienza: “Algo está pasando, pero aún no es claro qué es...”  Me parece que algo así está pasando en México.  Verlo desde la distancia me emociona y me preocupa.

Hace años vengo hablando del “complejo del conquistado” (o del esclavo) de raíces muy profundas en México.  Me explico, cuando alguien ha sido desposeído de todo, sus posesiones, su religión, sus familias, su libertad y su dignidad (piensen, por ejemplo en los Aztecas luego de la conquista), se pierde también lo que llamamos la capacidad de agencia, es decir la habilidad de actuar con la convicción de que nuestros actos tendrán impacto, que nuestra voz será escuchada, que nuestra opinión cuenta.  Caemos en un estado de indefensión aprendida y nuestro único recurso es burlarnos y hacer memes a espaldas de nuestros opresores. México viene arrastrando estas heridas desde la colonia, y falta mucho para sanarlos. No sólo eso, muchos han sido los intentos de alzar una vez más la voz, todos ellos reprimidos salvajemente por el gobierno (los invito a leer "Tlatelolco, se buscan herederos") confirmando que no hay nada que se pueda hacer y que nadie nos está escuchando.  

Sin embargo me parece que con esto del "gasolinazo" algo nuevo está pasando...

Cada vez se escucha más, junto a las inútiles quejas y los memes, un llamado a la unidad.  Se empiezan a articular ideas de desobediencia civil (siendo no pagar impuestos la más escuchada). Sin duda se ha demostrado en múltiples ocasiones que la desobediencia civil y la no violencia funcionan como medidas para ser escuchados.  Los ejemplos son poderosos e inspiradores: Thoreau, Luther King, Gandhi y Mandela...  Sin embargo estos casos fueron exitosos no sólo por rehusarse a cumplir con cierta ley, sino porque fueron resultados de estrategias bien planeados y -lo más importante- el compromiso inamovible de quienes participaron en ellos de mantenerse firmes en su decisión de desobedecer pacíficamente las normas elegidas.  Esta es precisamente la parte que me preocupa de las propuestas a dejar de pagar impuestos.  Si se hace aisladamente, por sólo algunos, el gobierno simplemente castigará a los infractores.  Si se usa simplemente como una excusa para "ahorrarnos una lana" no sólo no llegará lejos, sino que, al estar motivado por razones egoístas, se desistirá a la primera situación de riego personal.

Ciertamente no soy un politólogo ni estoy llamando a la acción directamente.  No soy la persona indicada para ello. Esto es sólo una opinión derivada de mi estudio de estos temas y mi preocupación por lo que ocurre en mi querido México.  

Tal vez es cierto, tal vez algo nuevo está ocurriendo, aunque aún no sea claro qué es...

...pero por otro lado, puedo estar totalmente equivocado…
Sergio


domingo, septiembre 20, 2015

Aprendiendo un nuevo lenguaje


Encuentra lo hermoso en mí; busca lo mejor de mí.  Eso es lo que realmente soy, y lo único que quiero ser.  Tal vez te tome tiempo, tal vez te cueste trabajo encontrarlo, pero encuentra lo hermoso en mi.
Red Grammer

Sé que existen.  He visto sus miradas confundidas en plazas y restaurantes.  Escuchado acaloradas discusiones en todas partes.  Casi todos los días soy testigo de su frustración y dolor en nuestras sesiones de terapia.  Padres, hijos, hermanos, esposos, patrones, estudiantes, empleados, maestros, clientes, adultos, adolescentes, niños… Gente frustrada y triste al sentirse incapaz de comunicarse con aquellos que les rodean.

Independientemente de su edad, su sexo o condición social, les oigo hacer las mismas preguntas:  “¿Por qué no me escucha?” “¿Por qué no me dice cómo se siente?” “Lo único que quiero es un poco de … (amor, respeto, comprensión, etc.) … ¿es acaso mucho pedir?”  En ocasiones, la frustración se expresa en forma de solicitud (tal vez debiera decir exigencia): “Tenemos que hablar” “Dime que te traes” “¡Escúchame!”  ¿Sabes qué?...  ¡olvídalo!”  Otras veces suena a acusación: “No te importo, ¿verdad?” “simplemente no me quiere escuchar” “Sólo lo hace para hacerme enojar” “¡Sabes exactamente de lo que estoy hablando!”  Finalmente, en la medida que la frustración va en aumento, empiezan a recurrir a exageraciones “¡hemos hablado de esto un millón de veces!”  “¡Nunca me pones atención!” ¡Siempre es lo mismo contigo!”

¿Suena familiar?  Te aseguro que no estás sol@.  Desafortunadamente saberlo no te será de mucho consuelo. 

Si entendemos como “violenta” aquella conducta que ocasiona dolor o daño a los demás, podemos concluir que todas las expresiones de arriba, aunque bien intencionadas, califican como violentas.  Decirlas muy probablemente no mejorará la comunicación, por el contrario, provocarán resentimiento, rechazo, confusión y más distanciamiento.
Pero ¿por qué lo hacemos? 

Muchos de nosotros fuimos educados mediante críticas y comparaciones.  Los bien-intencionados adultos a cargo de nuestra formación, nos enseñaron a sentirnos inadecuados, a creer que éramos responsables de sus sentimientos y que los demás podían hacernos sentir de una forma u otra (enojados, contentos, tristes…).  Fuimos manipulados para sentirnos culpables y avergonzados (u orgullosos y queridos) por nuestras acciones, entrenándonos para actuar de tal o cual forma.  Nos enseñaron que existe un modo “correcto” y otro “incorrecto” de ser.  Se nos enseñó a ser “buenos” y se nos advirtió que no fuéramos “malos” (o se nos castigó por serlo).  Aprendimos a actuar inteligentemente y a ser niños buenos, por miedo a ser rechazados o regañados por ser estúpidos o malvados. 
No estoy criticando a nadie, simplemente señalando los métodos usados para lograr que nos ajustáramos a ciertas normas; y sugiriendo que nos relacionamos con los demás siguiendo los mismos métodos, con nuestros hijos, pareja, compañeros de trabajo e incluso desconocidos.  Dicho sea de paso, este es también el modo en que la mayoría de las escuelas, las organizaciones y los gobiernos funcionan.  ¡No es de sorprender que exista tanta violencia en el mundo!

¿Te sientes frustrado?  ¿Triste?  ¿Desearías que existiera otro modo de ser y relacionarte con los demás?  Lo hay.  Un modo de comunicarse que no implica juicios de bueno o malo.  ¿Interesado?  Debo advertirte que aprender a comunicarse de ese modo puede obligarle a “mudarse” a un mundo donde nadie este compitiendo por mejor que el otro.  Un mundo donde no existe gente mala o egoísta, ni ganadores o perdedores, sino gente llena de amor, haciendo lo posible por hacer del mundo un lugar más maravilloso para ellos y para los demás.  ¿Suena como algo salido de un cuento de hadas?  Si te cuesta trabajo creerlo, es quizá porque es algo tan lejano a nuestra realidad que parece imposible, pero te aseguro que lo es. 

¿Cómo lograrlo?  Comenzando por aprender a comunicarse contigo mism@ y los demás de una manera más compasiva.  Aprendiendo a identificar tus sentimientos y expresarlos abiertamente, respetando al mismo tiempo los ajenos.  Aprendiendo a escuchar y valorar tus necesidades y las de los demás, considerándolas no como cargas o molestias, sino como expresiones de lo que realmente le importa.  Aprendiendo a pedir (no exigir) lo que necesitas, siendo capaz también de escuchar empáticamente las necesidades del otro, considerándolas al menos tan importantes como la propias. 

¿Todavía suena demasiado bueno para ser verdad?  Si dudas que sea posible, ¿estás al menos dispuest@ a preguntarte por qué? ¿De dónde viene la resistencia a aceptarlo?  Será posible que la programación que viene desde la infancia es tan poderosa que te impida incluso considerar la posibilidad de que sea cierto?  ¿Estás dispuest@ a intentarlo, incluso si suena ridículo?  Espero que sí, el mundo definitivamente necesita más gente dispuesta a intentar algo diferente (además, ¿Qué puedes perder?)

Si vives en el área de Monterrey, los días 25 y 26 de septiembre habrá un taller sobre este tema.  Para mayor información, Alma Rosa Beltrán al (442) 81-8010-3742 o almarosabeltran1@gmail.com o con Sergio Rodríguez Castillo a sergio@psique.org.mx

Por Sergio Rodríguez
Psicoterapeuta, especialista en relaciones, crecimiento e integración.


martes, agosto 25, 2015

¿Podemos vivir sin estrés, ansiedad y miedo?


Hace muchos años un atribulado Áryuna le preguntó a Krisna como reducir su angustia, a lo que el dios respondió que actuara sin apegarse al fruto de sus acciones. Años más tarde, el Buda proclamó que el mundo entero se estaba incendiando, consumido por las llamas del dolor, la tristeza, la pena y la desesperanza, sugiriendo como “extinguidor” la toma de consciencia.  Unos cuantos años después, Jesús invitaba a sus discípulos a vivir libres de preocupaciones y no preocuparse por lo que van a comer o beber, o por la ropa que van a ponerse, poniendo como ejemplo a los cuervos y las flores del campo.

Sin embargo, ninguno de ellos tenía que lidiar con las crisis que estamos enfrentando en prácticamente todos los frentes.  Devaluaciones, inseguridad, deudas, calentamiento global, etc.  Más aún, ellos no estaban rodeados por teléfonos inteligentes demandando nuestra atención (emails, twitter, facebook, whatsapp, etc.), cientos de canales de cable o el Internet; ni eran bombardeados constantemente con información que “debemos” saber, ofertas que “tenemos” que aprovechar y cien mil cosas que más nos vale tener o conocer, o de lo contrario poco a poquito nos iremos quedando irremediablemente atrás.  En resumen, ellos vivieron en tiempos mucho menos estresantes que los nuestros. ¿Cierto?  

¿Tienen alguna relevancia en nuestras ajetreadas vidas las enseñanzas de estos maestros de tiempos lejanos? ¿Es posible vencer la ansiedad, el miedo y el estrés o es un privilegio exclusivo de seres iluminados? ¿Existe alguna conexión entre la sabiduría milenaria y nuestra realidad cotidiana? ¿Qué han descubierto las ciencias modernas al respecto? ¿Hemos aprendido algo en los últimos 3000 años sobre cómo lidiar con el estrés y alcanzar la felicidad?

Tal vez es imposible eliminar completamente el estrés, el miedo y la ansiedad de nuestras vidas, pues parecen ser parte inherente de estar vivo.   Desafortunadamente muchos, al verse plagados por estas aflicciones, optan por anestesiarse para no sentirlas, usando alcohol, drogas, la televisión, el trabajo, el sexo, etc. o construyen muros a su alrededor. Pero estas estrategias no funcionan, y sólo sirven para insensibilizarles y robarles la experiencia de estar vivos. 

Para lidiar con el estrés, la ansiedad y el temor, uno no tiene que escapar de la realidad ni evitar vivir, con la falsa esperanza de evitarles. Por el contrario, es necesario aceptar la vida en su totalidad, incluyendo dificultades, dolor, tristeza y decepciones, al igual que alegrías, éxtasis y el amor.  Abrazar, en palabras de Zorba el griego, “la catástrofe total”.

¿Pero cómo hacerlo?  Es imposible dar respuestas sencillas; sin embargo podemos ofrecer algunas sugerencias: Reconectar con nuestro cuerpo, nuestra postura y hábitos alimenticios, vivir en el presente, aprender a reconocer nuestros pensamientos e interrumpir la costumbre mental de “catastrofisar” el futuro; son sólo algunos ejemplos de cosas a nuestro alcance para influenciar nuestros sentimientos, liberarnos del yugo del estrés en nuestra existencia y comenzar a disfrutar más nuestras vidas.

Una estrategia que ha probado científicamente su eficacia, es el Programa de Reducción del Estrés basado en Mindfulness (PREM).

“Mindfulness” significa poner atención a lo que está ocurriendo, sin juzgar ni criticar.  El programa desarrollado por Jon Kabat-Zin en la Universidad de Massachusetts y con más de 30 años de investigaciones científicas, ha probado su efectividad (reducción del 35% en síntomas médicos y 40% en síntomas psicológicos), por lo que se ha extendido por todo el mundo. Versiones del PREM, actualmente se imparten  en universidades como Cambridge, Oxford, Harvard y Stanford, hospitales como Weill Cornell de Nueva York, MedStar  Health en Washington y el Hospital de Massachusetts, así como empresas  como  Google,  Nike,  Twitter, Ford, Procter &  Gamble y Toyota, entre muchas más.

La práctica del PREM ayuda con:

·   Problemas de estrés
·   Enfermedades cardiacas
·   Presión arterial
·   Conductas obsesivo-compulsivas
·   Problemas de sueño
·   Dificultades gastrointestinales
·   Depresión
·   Problemas de pareja
·   Abuso de sustancias
·   Desórdenes alimenticios
·   Ansiedad
·   Fortalecimiento del sistema inmunológico
·   Dolor crónico
·   La neuroplasticidad del cerebro.

El PREM es una herramienta para mejorar nuestra capacidad de trabajar y amar a los que nos rodean y a nosotros mismos, ayudándonos a vivir vidas más plenas. 

Los días 11 y 12 de septiembre habrá un taller sobre el PREM en Querétaro.  Para mayor información, no dudes en contactarme a: sergio@purna.org.mx

Por Sergio Rodríguez
Psicoterapeuta, especialista en relaciones, crecimiento e integración.