La
novela “Regina” de Velasco
Piña, gira
en torno a la idea de que México está por despertar y que la masacre de
Tlatelolco del 2 de Octubre del 68 es el “sacrificio” que sacaría a la nación de su
letargo. Sin entrar en detalles, la historia cuenta que México no despertó.
Obviamente
se trata de una novela, sin embargo muchas veces la ficción refleja la realidad con más claridad que la historia. ¿Quién podría negar que el
Quijote o Hamlet incluyen en su ficción grandes verdades y enseñanzas?
Efectivamente
México no estaba listo para despertar.
Del 68 para acá pareciera que el país ha caído en una espiral descendente.
Cada vez más corrupción, cada vez más violencia, cada vez más crimen, cada vez
más apatía. Escándalos que involucran a
la clase política, violencia desmedida, pobreza, hipocresía, cinismo, pesimismo
y falta de fe en la nación, parecen plagas que van devorando al país ubicado en
el ombligo de la luna*,
sin que nadie pueda hacer nada al respecto.
El
19 de septiembre pasado, México fue sacudido por uno de los terremotos más fuerte de su
historia. Me pregunto si una sacudida como esta es lo que necesitaba el país (y
todos nosotros). Tal vez, ahora sí, es hora de
despertar.
Hoy
vemos cosas que tal vez nunca se habían visto en México. Hombres y mujeres
organizados sin necesidad de autoridad externa para rescatar sobrevivientes de entre los escombros. La población entera
desbordada con toneladas de ayuda proveniente de todo el país para ayudar a los
damnificados. Muestras de solidaridad
por parte de la iniciativa privada e incluso –algo en verdad sorprendente-
hasta los partidos políticos dispuestos a devolver parte de sus millonarios
recursos, luego de –otra vez- la presión organizada por parte de la sociedad.
Cierto,
no todo es positivo. Ya empiezan circular mensajes negativos criticando la labor del
presidente, agrupaciones religiosas, el gobierno, etc. Nada de ello debe sorprendernos, pero tampoco
nada de ello eclipsa de manera alguna el amor, la solidaridad, la entrega y la
efectividad del pueblo mexicano. Hay
muchas más manos ayudando que bocas criticando.
Es
fácil volver a dormir. Sólo se requiere apatía y desinterés. Es fácil olvidar de lo que somos capaces. Pero
tal vez estamos siendo testigos del inicio de algo nuevo. Así como cada voluntario actuó por convicción
propia y en armonía con los demás. ¿Será
posible que los mexicanos y mexicanas permanezcamos despiertos?
Por
supuesto que este terremoto es una tragedia que nadie quisiera que hubiese
ocurrido y que esperamos no vuelva a ocurrir. Pero sin duda la sacudida
despertó algo en espíritu de nuestra nación.
Algo que siempre hemos sabido pero que habíamos olvidado. Somos un país
más grande que sus políticos corruptos. Somos un pueblo más fuerte que el
crimen organizado. Somos una nación con un espíritu noble y poderoso que ni toda
la apatía, el sarcasmo y la ironía pueden doblegar. Es tiempo de seguir buscando sobrevivientes.
Es tiempo de sanar heridas. Es tiempo de remover escombros y reconstruir
nuestro país.
Espero de todo corazón que
no olvidemos de lo que somos capaces. Que la muerte de tantos hermanos y
hermanas mexicanas no sea en vano. Que esta
tragedia tan dolorosa que nos ha despertado abruptamente de nuestro letargo no
se olvide. Nunca olvidemos lo que juntos podemos lograr.
En el musical que se hizo de la referida novela, una de las canciones dice “un milagro
sólo ocurre cuando hay gente que lo cree”
Hoy, más que nunca, creo en México.
México lindo y querido ¡levántate! es hora de despertar.
Sergio
Rodríguez Castillo
* La palabra “México” proviene del náhuatl "meztli",
luna, y "xictli", ombligo, es decir, que el nombre literal significa
"en el ombligo de la Luna".