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miércoles, mayo 26, 2010
Colores en el viento
viernes, mayo 21, 2010
Los que mueven a México por Denise Dresser
Alguna vez, el periodista Julio Scherer García le pidió a Ernesto Zedillo que le hablara de su amor por México. Le sugirió que hablara del arte, de la geografía, de la historia del país. De sus montañas y sus valles y sus volcanes y sus héroes y sus tardes soleadas. El ex-presidente no supo qué contestar. Hoy es probable que muchos mexicanos tampoco sepan cómo hacerlo. Hoy el pesimismo recorre al país e infecta a quienes entran en contacto a él. México vive obsesionado con el fracaso. Con la victimización. Con todo lo que pudo ser pero no fue. Con lo perdido, lo olvidado, lo maltratado. Con la crónica de catástrofes; de corruptelas; de personajes demasiado pequeños para el país que habitan.
México padece lo que Jorge Domínguez, en un artículo en Foreign Affairs, bautizó como la “fracasomanía”: el pesimismo persistente ante una realidad que parece inamovible. La propensión colectiva a pensar que la corrupción no puede ser combatida; que los políticos no pueden ser propositivos; que la sociedad no puede ser movilizada; que la población no puede ser educada; que los buenos siempre sucumben; que los reformadores siempre pierden. Por ello es mejor callar. Es mejor ignorar. Es mejor emigrar.
Pero lo que nos congrega aquí hoy sugiere lo contrario. Por cada tache que se le pueda colocar a este país, existe una paloma. Más de 50 palomas. Frente a todos los motivos para cerrar los ojos están todos los motivos para abrirlos. Frente a las razones para perder la fe en México estan todas las razones para recuperarla. La determinación de Lorena Ochoa. La pluma de Carlos Fuentes. La inteligencia de Mario Molina. El profesionalismo de Cristina Pacheco. El talento de Salma Hayek. La chispa de Diego Luna. La visión empresarial de María Asunción Aramburuzavala. La imaginación de Angeles Mastretta. El humor de Carlos Monsivaís. La tenacidad de Alejandra de Cima. Las canciones de Julieta Venegas. El espíritu democrático de Margarita Zavala. La creatividad de Julieta Fierro. La forma en la cual Alondra de la Parra conduce una orquesta o Rafael Márquez mete un gol.. La labor filantrópica de Alfredo Harp Helú. El periodismo implacable de Miguel Angel Granados Chapa.
La arquitectura de Teodoro González de León. La voz de Susana Zavaleta.Eugenia de León,Alejandro Fernández etc.
Cada persona tendrá su propia lista, su propio pedazo del país colgado del corazón. Una lista larga, rica, colorida, voluptuosa, fragante.. Una lista que debe comenzar con las palabras de la chef Marta Ortiz Chapa: “Siempre me gustó ser mexicana”. Una lista con la cual contener el pesimismo; un antídoto ante la apatía; una vacuna contra la desilusión. Una lista de lo mejor de México. Una lista para despertarse en las mañanas. Una lista para pelear contra lo que Susan Sontag llamó “la complicidad con el desastre”.
Una lista como la compilada por la revista “Quien” hoy pero que en mi propio caso va más allá de ello para incluir todo lo que yo amo de mi país. Los murales de Diego Rivera. Las enchiladas ,los tacos,etc. Las mariposas en Michoacán. El cine de Alfonso Cuarón. El valor de Emilio Alvarez Icaza. Los huevos rancheros y los chilaquiles con pollo. El mole negro de Oaxaca. Los libros de Elena Poniatowska. La decencia de Germán Dehesa. Los tacos al pastor con salsa y cilantro. El mar en Punta Mita. La poesía de Efraín Huerta. El Espacio Escultórico al amanecer. Cualquier Zócalo, cualquier domingo. Nuestro hermoso país lleno de riqueza y cultura.
La forma en que los mexicanos se besan y se saludan y se dicen “buenas tardes” al subirse al elevador. Las fiestas ruidosas los sábados por la tarde. La casa de Luis Barragán. Los amigos que siempre tienen tiempo para tomarse un tequila. Los picos coloridos de las piñatas. Las casas de Manuel Parra. Las bugambilias y los alcatraces y los magueyes. Las caricaturas de Naranjo y los cartones de Calderón. El helado de guanabana. La talavera de Puebla. Las fotografías de Graciela Iturbide. Los mangos con chile parados en un palo de madera. Las comidas largas y las palmeras frondosas. Las mujeres del grupo Semillas y las mujeres que luchan por otras – todavía – en Ciudad Júarez.
Y más allá de este recinto y este reconocimiento a cincuenta personas, habría que aprovechar la ocasión para pensar un momento en todos aquellos que también mueven a México. Sus habitantes. Ese país habitado por millones de hombres y mujeres mexicanas que se levantan al alba a prender la estufa, a preparar el desayuno, a remojar el arroz, a planchar los pantalones, a terminar la trenza, a correr detrás del camion, a trabajar donde puedan y donde les paguen por hacerlo. El país de muchas mujeres y hombres que duermen poco porque cargan con mucho. México,es más que la corrupción,que el narcotráfico,que la injusticia social y jurídica. Mexico es corazón,lucha, entrega,pasión,en que otro país se vive como en el nuestro,con 50.00 pesos al día y todavía se jactan en decir que somos flojos,oportunistas,ya bastamexicanos despertemos y mostremos al mundo de lo que estamos hechos,de garra, de fuerza ,de amor......
De allí que se vuelva imperativo celebrar a aquellos que están en la lista de quienes mueven a México, y al mismo tiempo reflexionar en lo mucho que falta por hacer. Pensar en un México menos cupular y más ciudadano. Menos elitista y más democrático. Menos interesado en retener las oportunidades insólitas que tienen algunos y más interesado en crearlas para otros. De lo que se trata, en esencia, es de cambiar la forma geométrica del país. Pasar del triángulo al rombo. Crear una amplia clase media poblada por personas con voz, con derechos, con oportunidades para generar riqueza y acumularla. Crear mexicanos, emprendedores, educados, competitivos, meritocráticos porque el país les permite serlo. Crear un sistema económico que promueva la movilidad social en vez de permitir la perpetuacion de obstáculos que la inhiben.
Y vivir todos los días con esa lista de lo mejor y lo posible para así pelear contra la lógica enraizada del “por lo menos”: “por lo menos hay paz social; “por lo menos” la pobreza extrema ha disminuido un poco; “Por lo menos no ocupamos el último lugar en las evaluaciones PISA de educación”. Hoy, la lógica compartida del “por lo menos” equivale a una defensa de la mediocridad. Equivale a una apología del status quo que beneficia a pocos y perjudica a muchos. México sólo será un país mejor cuando sus habitantes dejen de pensar en términos relativos y empiecen a exigir en términos absolutos. Cuando se conviertan en profetas armados con una visión de lo que podría ser. Cuando empuñen lo que Martin Luther King llamó “coraje moral”. Cuando vociferen que los bonos sexenales y la rapacidad de los sindicatos y la educación atorada y el desempleo constante y la inseguridad lacerante son realidades que ningún mexicano está dispuesto a aceptar. Porque si nadie alza la vara, el país seguirá viviendo – aplastado - debajo de ella. Porque si sólo 50 personas exigen que las cosas cambien, nunca lo harán. Porque si los mexicanos siguen habitando el laberinto de la conformidad, sera muy difícil sacudir al país desde allí.
Quienes pueblan esta lista saben que hay tanto por hacer; tanto por cambiar; tantos sitios donde amontonar el optimismo. El optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia. El optimismo perpetuo que se convierte en multiplicador.
El optimismo que debe llevar espero – a cada uno de los presentes – a hacer una declaración de fe, como la frase que acuñó Rosario Castellanos. Una filosofía personal para ver y andar, vivir y cambiar, participar y no sólo presenciar.
Una filosofía para compartir la terca esperanza de quien habla hoy y acompaña a los premiados. La convicción inquebrantable de mejorar a México. De restañar a la República. De volver a México un país de ciudadanos. Un lugar poblado por personas conscientes de sus derechos y dispuestos a contribuir para defenderlos. Dispuestos a llevar a cabo pequeñas acciones que produzcan grandes cambios. Dispuestos a sacrificar su zona de seguridad personal para que otros la compartan.
Yo creo que ser de clase media en un país con cuarenta millones de pobres es ser privilegiado. Y los privilegiados tienen la obligación de regresar algo al país que les ha permitido obtener esa posición. Porque para qué sirve la experiencia, el conocimiento, el talento, si no se usa para hacer de México un lugar más justo? Para qué sirve el ascenso social si hay que pararse sobre las espaldas de otros para conseguirlo? Para qué sirve la educación si no se ayuda a los demás a obtenerla? Para qué sirve la riqueza si hay que erigir cercas electrificadas cada vez más altas para defenderla? Para qué sirve ser habitante de un país si no se asume la responsabilidad compartida de asegurar vidas dignas allí? Yo creo en la obligación ciudadana de vivir en la indignación permanente: criticando, denunciando, proponiendo, sacudiendo. Porque los buenos gobiernos se construyen a base de buenos ciudadanos y sólo los inconformes lo son.
Yo creo que muchos de los miembros de esta lista logran hacer cosas extraordinarias. Aquellos que hacen más que pararse en fila y en silencio. Individuos que pelean por los derechos de quienes ni siquiera saben que los tienen. Alejandro Martí, denunciando a los policías cómplices y acorralando a los políticos que los protegen. Carmen Aristegui, lidereando la oposición contra la impunidad y concientizando al país sobre sus efectos. María Elena Morera, sacudiendo a una sociedad altergada y ayudándola a discernir el papel que debería desempenar. Miguel Angel Granados Chapa, defendiendo—con su columna -- la humanidad esencial de quienes la han perdido y ayudándolos a recuperarla. Ellos y tantos más, héroes y heroínas de todos los días. Ombudsmans cotidianos.
Yo creo que mientras existan individuos como muchos de los que hoy celebramos – encendidos, comprometidos, preocupados – el contagio continuará, poco a poco, y a empujones como todo lo que vale la pena. El monólogo de los líderes se convertirá en el coro de la población. La exasperación de los ciudadanos construirá cercos en torno a los políticos. Yo creo que un día – no tan lejano, quizás – habrá un diputado que suba a la tribuna y exija algo a nombre de la gente que lo ha elegido. En lugar de mirar con quién se codea en el poder, mirará a quienes lo llevaron allí. Y México será otro país, otro.
Yo creo que eso es posible, pero sólo ocurrirá cuando la fe los mexicanos aplaudidos por la revista “Quien” se vuelva la convicción de muchos. Cuando la crítica fácil se traduzca en la participación transformadora. Cuando la creencia en el cambio se concretice en acciones diarias para asegurarlo. Cuando más mexicanos memoricen las palabras de mi amigo – el empresario y filántropo -- Manuel Arango: “El que no sepa qué hacer por México que se ponga a saltar en un solo pie y algo se le ocurrirá”. Cuando saltando juntos logremos, de verdad, mover mejor a México.
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jueves, mayo 20, 2010
Carta atribuida al Jefe Seattle (Si'ahl)
martes, mayo 18, 2010
Las cosas pasan por algo ¿?
domingo, mayo 16, 2010
Todo esta bien
jueves, mayo 13, 2010
Pero es que duele mucho...
domingo, mayo 09, 2010
Sólo tu puedes liberarte de tus ataduras
Claro que nosotros ahora, sofisticados individuos del siglo XXI, tenemos una respuesta diferente. Nuestro condicionamiento nos encadena, las experiencias de nuestra infancia nos encadena (nuestros padres nos encadenaron), las normas sociales nos encadenan (las sociedad nos encadenó), nuestros principios morales y religiosos nos encadenan (dios nos encadenó). Todo esto es cierto, todos los antes dichos son limitaciones a nuestra forma de actuar y nuestro ser, cadenas psicológicas que nos impiden ser nosotros mismos. Pero la pregunta del maestro no es quien los encadenó (una pregunta sin duda interesante) sino quien los mantiene encadenados. La respuesta es dolorosamente simple. Nosotros mismos nos mantenemos encadenados, principalmente al no darnos cuenta que somos nosotros mismos quienes nos mantenemos aferrados a las cadenas con nuestros miedos, programación, resistencia al cambio, etc.
Ahora, no somos tampoco culpables de ello. Es como aquella historia del gran elefante que es mantenido amarrado a una pequeña estaca pues desde pequeño le tuvieron amarrado y ahora no cree que sea posible liberarse. Las cadenas fueron impuestas cuando éramos muy pequeños y no podíamos resistirlas (y las resistimos hasta que doblegaron nuestra voluntad) y las hemos traído cargando por tanto tiempo que ya forman parte de nosotros. ¿Quiénes seríamos sin nuestras cadenas?
Pero el punto no es buscar culpables, una actividad aunque entretenida y -aceptémoslo- muchas veces satisfactoria, no es muy productiva, sino tomar conciencia y liberarnos. Alguien preguntó "¿Cual es la mejor manera de deshacerte del costal de ladrillos que vas cargando?... ¡soltándolo!" (Otra vez, el "truco" consiste en darnos cuenta que lo vamos cargando)
Me pregunto, ¿a qué cadenas me sigo aferrando? ¿Qué costales de ladrillos sigo cargando? y -aún más importante- ¿Hasta cuando planeo seguirlos cargando?
sábado, mayo 08, 2010
viernes, mayo 07, 2010
Dios, ¿estas ahí?
Es interesante que la idea de Dios siga presente en nuestras vidas. Nietzsche dijo "Dios ha muerto" en 1882, refiriéndose tal vez no a la muerte física de dios, sino a la idea que teníamos de dios. En el libro Isla, Huxley pone como espantapájaros en un campo imágenes de dioses, para recordarnos que no es dios quien creó al hombre, sino el hombre quien crea a los dioses. Esto puede sonar como blasfemia, pero creo que no lo es (Huxley definitivamente creía en algo más allá). Por otro lado (hoy es día de anécdotas) cuando Vivekananda le pregunta a Ramakrishna por qué cree en dios, éste responde "por que lo estoy viendo en este momento mucho más claramente que a ti" (contrastando la afirmación en Juan de que nadie ha visto jamás a dios).
Hace poco leí en un sitio de internet que los adultos que tienen amigos imaginarios (refiriéndose a los que creen en dios) son estúpidos. ¿Es esto cierto? ¿Es dios un amigo imaginario?
Debo confesar que como Jung, yo no creo en la existencia de Dios, sino que estoy seguro que existe (en tal sentido mi posición se parece más al de Ramakrishna). Ahora que si me piden que demuestre racionalmente su existencia, ciertamente no puedo. Pero eso no me preocupa mucho, pues hasta ahora no he podido encontrar nada que pueda ser demostrado racionalmente. Me parece que la razón nos ayuda a argumentar la posibilidad de que algo sea cierto, pero no demuestra nada (por cierto, como "demostrar" que 2+2 = 4).
Dios no es algo que se pueda demostrar racionalmente pues va más allá de la razón. La respuesta es, búscalo tú mismo, sigue el procedimiento trazado por los expertos que nos han precedido (místicos de todas las tradiciones) mira la evidencia (todo, absolutamente todo a nuestro alrededor) y saca conclusiones racionales. En ese sentido es precisamente lo que haría cualquier científico en su disciplina.
Tal vez es cierto que el dios de la biblia está muerto, es decir, esa idea de dios. Si los hombres hemos evolucionado, es lógico pensar que nuestra idea de dios debe evolucionar. Como el perro que persigue su cola, nunca la vamos a alcanzar. Como el niño que va aprendiendo matemáticas, sus conocimientos se van haciendo más sofisticados, lo que no invalida lo que antes sabía, sino que lo completa.
Ruminaciones sin dirección... Sigamos caminando.
martes, mayo 04, 2010
Los 4 reinos
"Nada existe en tanto no existe en los 4 reinos" Eso fue lo que escuché en mi sueño. Ciertamente hoy me estoy desviando un poco del tema, pero me parece importante (para recordar mi sueño) escribir sobre este proceso.
Los reinos son espiritual, mental, emocional y material. Regularmente se habla de tres reinos, la santísima trinidad: Padre (pensamiento), Hijo (palabra -el verbo se hizo carne) y Espíritu Santo (obra) y se deja fuera al mundo de los sentimientos, pero incluso este es claro cuando el nuevo testamento dice "tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo". Pero no es mi intención ponerme demasiado religioso pues esta es una idea con aplicaciones eminentemente prácticas.
Nuestros pensamientos se hacen realidad (thoughts become things) esto me recuerda una historia de Ramakrishna: Un hombre que estaba sentado bajo el Kalpa-vriksha (el árbol de los deseos) deseó ser un rey, y al momento era rey. Acto seguido deseo tener una hermosa dama a su lado, y la dama apareció de inmediato. Entonces el hombre pensó para sus adentros, “...qué pasaría si un tigre apareciera y me comiera...” y ¡zaz! ¡en un instante se encontró en las garras de un tigre! Dios es como el árbol de los deseos: todo aquel que en su presencia piensa que es pobre y desamparado, permanece en tal estado, pero aquel que piensa y creé que el Señor cumple todos sus deseos, recibe todo de Él.
Pero esto no es del todo exacto (la historia si, la presentación) pues desear (que equivale casi siempre a pensar) no es suficiente. Si quiero manifestar algo tengo que empezar en alguno de estos reinos. Todo lo que pienso existe en el reino más sutil (de lo contrario ni siquiera podríamos pensarlo). Es decir, existe en el mundo del espíritu. Pensar en ello, es el acto de manifestar en el reino mental (ahí es donde visualizamos, planeamos, etc.) pero si me quedo ahí la energía creativa es limitada. Tengo que darle una carga emocional (por eso a veces manifestamos lo que más tememos u odiamos, pues con tan intensos sentimientos estamos potenciándolos) idealmente queremos crear sólo cosas que amamos, pero como el hombre bajo el árbol de los deseos, no tenemos disciplina en pensamientos y sentimientos y manifestamos cosas deseables e indeseables (aquí es uno de esos lugares donde entrenar nuestra mente y corazón tienen importantes beneficios). Todo esto va aumentando el "poder" de ese pensamiento, poco a poco lo venimos bajando del reino espiritual, luego de amarlo, viene hablarlo (palabra, lugar intermedio entre el mental y el material) y finalmente actuar como si ya fuera realidad (aquí es donde la marrana tuerce el rabo -me encanta esa expresión) pues al no estar entrenados en ello, dudamos la posibilidad de que algo ocurra.
Un excelente ejemplo de esto es la resurrección de Lázaro. Obviamente Jesús, en el mundo de las ideas sabe de la posibilidad de la resurrección y tiene su "plan" trazado. Llega ante la tumba e incluso verbalmente pregunta a otros si creen en dios (tal vez para aumentar la fuerza de la idea) finalmente, antes de hacer nada, AGRADECE a dios por escucharle, es decir, sus palabras y acciones saben que ya ocurrió, finalmente, casi como mero trámite, da la orden "Lázaro sal".
