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viernes, diciembre 05, 2008

Aprendiendo un nuevo lenguaje

Encuentra lo hermoso en mi; busca lo mejor de mi. Eso es lo que realmente soy, y lo único que quiero ser. Tal vez te tome tiempo, tal vez te cueste trabajo encontrarlo, pero encuentra lo hermoso en mi.

Red Grammer

Sé que existen. He visto sus miradas confundidas en plazas y restaurantes. Escuchado acaloradas discusiones en todas partes. Casi todos los días soy testigo de su frustración y dolor durante la terapia. Padres, hijos, hermanos, esposos, patrones, estudiantes, empleados, maestros, clientes, adultos, adolescentes, niños… Gente frustrada al sentirse incapaz de comunicarse con aquellos que les rodean.

Independientemente de su edad, su sexo o condición social, les oigo hacer las mismas preguntas: “¿Por qué no me escucha?” “¿Por qué no me dices que pasa?” “¿Por qué no me dice como se siente?” “Lo único que quiero es un poco de … (amor, respeto, comprensión, etc.) … ¿es acaso mucho pedir?” En ocasiones, la frustración se expresa en forma de solicitud (tal vez debiera decir exigencia): “Tenemos que hablar” “Dime que traes” “¡Escúchame!” ¿Sabes que? ¡olvídalo!” Otras veces suena a acusación: “No te importo, ¿verdad?” “simplemente no me quiere escuchar” “Sólo lo hace para hacerme enojar” “¡Sabes exactamente de lo que estoy hablando!” Finalmente, en la medida que la frustración va en aumento, empiezan a recurrir a exageraciones “¡hemos hablado de esto un millón de veces!” “¡Nunca me pones atención!” ¡Siempre es lo mismo contigo!”

¿Suena familiar? Le aseguro que no esta solo. Desafortunadamente sospecho que saberlo no le servirá de mucho consuelo.

Si entendemos como “violenta” aquella conducta que ocasiona dolor o daño a los demás, podemos concluir que todas las expresiones de arriba, aunque bien intencionadas, califican como violentas. Decirlas muy probablemente no mejorará la comunicación, sino que por el contrario provocarán resentimiento, rechazo, confusión y más distanciamiento.

Pero ¿por qué lo hacemos? Muchos de nosotros fuimos educados mediante críticas y comparaciones. Los bien-intencionados adultos a cargo de nuestra formación, nos enseñaron a sentirnos inadecuados, a creer que eramos responsables de sus sentimientos y que los demás podían hacernos sentir de una forma u otra (enojados, contentos, tristes…). Fuimos manipulados para sentirnos culpables y avergonzados (u orgullosos y queridos) por nuestras acciones, entrenándonos para actuar de tal o cual forma. Nos enseñaron que existe un modo “correcto” y otro “incorrecto” de ser. Se nos enseñó a ser “buenos” y se nos advirtió que no fuéramos “malos” (o se nos castigó por serlo). Aprendimos a actuar inteligentemente y a ser niños bien portados, por miedo a ser rechazados o regañados por ser estúpidos o malvados.

No estoy criticando a nadie, simplemente estoy señalando los métodos usados para lograr que nos ajustáramos a la ciertas normas; y sugiriendo que nosotros nos relacionamos con los demás siguiendo los mismos métodos, independientemente de que se trate de nuestros hijos, nuestra pareja, compañeros de trabajo o incluso gente que no conocemos. Dicho sea de paso, este es también el modo en que la mayoría de las escuelas, las organizaciones y los gobiernos funcionan. Por ello, no es de sorprender que exista tanta violencia en el mundo.

¿Se siente frustrado? ¿Triste? ¿Desearía que existiera otro modo de ser y relacionarse con los demás? Lo hay. Un modo de comunicarse que no implica juicios de bueno o malo. ¿Interesado? Debo advertirle que aprender a comunicarse de ese modo puede traer por consecuencia el que viva en un mundo donde nadie este tratando de demostrar que es mejor que el otro. Un mundo donde no existe gente mala o egoísta, ni ganadores o perdedores, sólo gente llena de amor, haciendo todo lo posible por hacer del mundo un lugar más maravilloso para ellos y para los demás. ¿Suena como algo salido de la imaginación de John Lennon? Si le cuesta trabajo creerlo, es quizá por que es algo tan lejano a nuestra realidad que parece imposible, pero le aseguro que lo es.

¿Como lograrlo? Comenzando por aprender a comunicarse con usted mismo y los demás de una manera más compasiva. Aprendiendo a identificar sus sentimientos y expresarlos abiertamente a los demás, respetando al mismo tiempo los ajenos. Aprendiendo a escuchar y valorar sus necesidades y las de los demás , considerándolas no como cargas o molestias, sino como expresiones de lo que realmente le importa. Aprendiendo a pedir (no exigir) lo que necesita, siendo capaz también de escuchar empáticamente las necesidades del otro, considerándolas al menos tan importantes como la propias.

¿Todavía suena demasiado bueno para ser verdad? Si le esta costando trabajo creer que es posible, ¿está al menos dispuesto a preguntarse por qué? ¿De dónde viene la resistencia a aceptarlo? Será posible que la programación que viene desde la infancia es tan potente que le impida incluso considerar la posibilidad de que sea cierto? ¿Está dispuesto a intentarlo, incluso si suena ridículo? Espero que sí, el mundo definitivamente necesita más gente dispuesta a intentar algo diferente (además, ¿Qué puede perder?)


Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...


lunes, octubre 20, 2008

¿El ocaso de la Era de Acuario?

Independientemente de la fecha exacta en la que comienza o termina la Era de Acuario, la canción del musical “Hair” que hace referencia a la misa, refleja lo que, en mi opinión, era el sentir de la generación de los sesentas en todo el mundo. Metafóricamente, los sesentas significaban el “amanecer de la era de Acuario”, una época de abundancia, armonía, comprensión, compasión y honestidad, el fin de la falsedad y la burla y (por si fuera poco) la liberación final de la mente. Creo que podemos decir que las cosas no ocurrieron exactamente como se esperaba.

¿Qué pasó? ¿Qué ocurrió con los vientos de cambio aquí y en otras latitudes? ¿ A dónde están los soñadores? A primera vista, pareciera que una de dos, o fueron silenciados (asesinados o desaparecidos), asimilados (se hicieron viejos) o simplemente se mudaron a Tepoztlán, San Miguel de Allende o a California.

En México, como en otras partes, el grupo en el poder reprimió estos movimientos. La masacre de Tlatelolco el 2 de Octubre de 1968, detuvo de manera brutal y contundente los sueños por un país y un mundo mejor. En muchos sentidos, nuestro país sigue sufriendo las consecuencias de ese trágico día.

Sin embargo, eso fue hace cuarenta años. ¿Qué hay de esta generación? ¿Dónde están sus ideales? ¿Cómo están tratando de cambiar al mundo? ¿Dónde podemos encontrar a los sucesores de los idealistas de los sesentas?

No hace mucho leí en algún lado que la presente generación se encuentra exhausta. Aunque deseo de todo corazón que tal afirmación sea exagerada, es fácil argumentar que nuestros jóvenes están siendo forzados a enfrentar cambios que están ocurriendo a velocidad impresionante. Se encuentra sobre saturados por los medios omnipresentes (televisión 24hrs los 7 días de la semana, Internet, blogging, mensajes de texto, etc), cansados de correr sin dirección específica pero cada vez más rápido, obligados a renunciar a ideales y llevar una vida balanceada pues cada vez hay más competencia y menos buenos trabajos, teniendo como modelos sociales a artistas y estrellas musicales, acostumbrados a la corrupción como una forma válida de solucionar problemas, atrapados en el consumismo, relativismo, falta de ejemplos confiables y carentes de ideales por los que valga la pena luchar. En breve, una sociedad confundida y extraviada. ¿Dónde nos deja esto como sociedad?

Por favor no me mal interpreten, estoy consciente que en muchos sentidos las cosas están mejor que como estaban hace cuarenta años. Conozco y me llena de admiración el legado de los sesentas; la liberación femenina, la tolerancia y aceptación de formas alternativas de relacionarse, rendir culto y vivir en relación, la revolución sexual, el reconocimiento de los derechos humanos y sociales, el re-descubrimiento y reivindicación de la sabiduría de culturas que fueron tachadas de salvajes o bárbaras, etc. Ciertamente en muchos sentidos las semillas sembradas en los sesenta han florecido en nuestra era, pero –desafortunadamente- en muchos otros sentidos las cosas parecen estar peor. Sólo piensen en el aumento de la violencia, la corrupción, la guerra, el consumo de drogas, la hambruna, la soledad, la depresión, los suicidios, la pornografía, la impunidad, etc. Me entristece pensar que esos estudiantes en Tlatelolco tal vez murieron en vano.

Pero, ¿realmente murieron en vano?

Carlos Monsivais en un hermoso ensayo, recientemente se refería a Tlatelolco como “una herencia en busca de herederos”. ¿No seremos nosotros (jóvenes y viejos) los herederos de esos mártires? ¿No estamos acaso disfrutando los frutos de su sacrificio? En caso afirmativo, ¿Qué podemos hacer, no solo para honrar aquellos que cayeron, no sólo para dar voz a aquellos que no pueden hablar (no sólo los muertos, pero también los desamparados, los marginados, los discriminados), sino también para hacer la nuestra una mejor ciudad, un mejor país, un mundo mejor? ¿Cómo podemos nosotros, los tal vez inadvertidos pero ineludiblemente herederos de tal legado actuar? Honestamente no lo sé (si tu lo sabes, por favor házmelo saber) pero estoy dispuesto a aventurar algunas ideas.

Tomemos consciencia de nosotros mismos. El viaje del auto-descubrimiento nunca es sencillo, pero siempre vale la pena.Trabajar en aceptarnos, amarnos y desarrollarnos es la mejor receta para la felicidad y una persona feliz hace del mundo un lugar feliz. Más aún, es imposible ser feliz cuando mi vecino tiene hambre, esta enfermo o simplemente es infeliz, puedo optar por ignorarlo(a) pero en mi interior siempre sabré la verdad. Por otro lado, cuando soy feliz (en el sentido más amplio y profundo que la palabra puede tener) simplemente no puedo hacer daño o ignorar a mi próximo, porque me doy cuenta que mi felicidad esta directamente conectada con la de todos los demás.

Tomemos consciencia de nuestra historia. No solo para escribir bellas palabras a los caídos, sino para realmente entender la condición humana. Alguien dijo “no hay nada nuevo bajo el sol” y en cierto modo tenía razón. Nuestras luchas cotidianas, nuestras penas, nuestras alegrías, nuestras ilusiones y nuestros sueños son los mismos de aquellos hombres y mujeres que nos precedieron. Recordémoslos, aprendamos de sus experiencias, de sus errores, de su sacrificio; y continuemos lo que comenzaron, lo que lograron.

Tomemos consciencia de nuestro potencial (Y usémoslo). Seamos pro activos. “Activismo” significa actuar. Ejercitemos nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Hay que protestar, organizar marchas y alzar la voz cuando es necesario; pero también vamos a organizarnos como sociedad civil, ofrecernos como voluntarios, escribir cartas, enseñar al que no sabe, compartir lo que tenemos, ayudar a los que podamos, involucrarnos, participar, formar grupos, etc. En breve convertirnos en ese cambio que tango anhelamos ver en el mundo.

Obviamente estas son solo unas cuantas ideas, hay mucho más que se puede y necesita hacer. Aún así, estoy convencido que poner estas pocas ideas en práctica sería una hermosa forma de honrar el sacrificio de aquellos estudiantes sin tumba caídos en Tlatelolco. Dejemos claro que los sueños no se han acabado, que aún habemos soñadores (jóvenes y no tanto) pero que nos hemos vuelto más aguzados. Hemos aprendido que el cambio no viene desde las estructuras a las bases, sino desde abajo para arriba. De este modo, incluso si aceptamos, como dijo alguna vez John Lennon, que la revolución de las flores no había tenido éxito, incluso si “ellos” (y no olvidemos que no existen “ellos” sino sólo “nosotros”) mataron a todos esos estudiantes, “no importa. Empezamos de nuevo”.

Al terminar de escribir esto, me doy cuenta que el título es equivocado. Tlatelolco no representa el ocaso de la era de Acuario; esos estudiantes no murieron en vano. La era de Acuario ha tenido un largo y doloroso amanecer tanto en México como en el mundo, uno que ha incluido mucha obscuridad, dolor y sangre, uno que aún no ha terminado aún, pero tal vez (y de esto veo evidencia casi todos los días) es cierto que la noche es más obscura precisamente antes del amanecer.

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...