Buscar este blog

domingo, septiembre 25, 2005

¿Quien dirige la orquesta?


El hombre no debe buscar eliminar sus complejos, sino llegar a un acuerdo con ellos, pues son los que legítimamente dirigen su conducta en el mundo.
Sigmund Freud


¿Alguna vez has hecho algo sin saber exactamente por que? ¿Se te ha “salido” decir una cosa cuando quieres decir otra? ¿Repites la misma conducta o sales con el mismo tipo de gente, cometes los mismos errores o tienes sueños repetidos? Según Freud, nada es coincidencia, lo sepamos o no, nuestro inconsciente esta trabajando y a su modo, dirigiendo nuestras acciones. El Ego (es decir, la parte de nosotros mismos que consideramos “es” nosotros) no manda en su propia casa.
¿Como que “la” parte de nosotros mismos? Podríamos preguntarnos ¿pues cuantas partes hay? ¿ahora me van a salir con que yo no soy yo? Vaya que esa es una pregunta difícil, ¿quien eres tu? (Pero eso lo discutiremos en otra ocasión) por el momento algunos ejemplos nos sirven para “demostrar” que “yo” no manejo todas las canicas. ¿Quien controla tu sistema digestivo, el palpitar de tu corazón, los procesos endocrinos y metabólicos de tu cuerpo? Ciertamente tu, pero no el “tu” que regularmente piensas. ¿Quien convierte la luz en imágenes y colores, las ondas sonoras en sonido, hace crecer tu cabello? ¿Quién es el que levanta tu brazo cuando piensas en levantarlo? ¿Tu? Cierto, pero ¿cómo lo haces? Mueve tu mano, ábrela y ciérrala ¿sabes como ocurre? ¿Cómo logras que el pensamiento se convierta en obra?
Más preguntas: ¿cuantas personas viven en ti, además de ti? ¿Alguna vez de has visto actuando como tu mamá o sonando “igualito a tu papá? ¿Has sentido miedo, ansiedad, coraje sin saber por qué? ¿De donde provienen tus convicciones más profundas? ¿Son tuyas? ¿Tú las elegiste? ¿o te las impusieron hace mucho tiempo, tanto que ya no lo recuerdas ni te lo cuestionas? ¿A veces tienes ideas que llegan que quien sabe donde? ¿Le sigo?
El tema es tan complejo como fascinante. ¿Cómo tomamos decisiones? ¿Por que elegimos un tipo de pareja (igual a mi papá o exactamente opuesto a mi mamá, gatos callejeros, hombres infieles, mujeres que no nos convienen...)? ¿Por que nos simpatiza cierto tipo de personas mientras que no toleramos otras (muchas veces incluso antes de hablar con ellos)? ¿Hasta que punto somos el producto de nuestra educación, nuestros padres, nuestra iglesia, nuestra pareja, nuestra sociedad y hasta que punto somos nosotros los que tomamos las decisiones? ¿Hasta donde somos resultados de eventos en nuestra historia personal que incluso ya no recordamos? ¿Que tanto de tu historia personal recuerdas? ¿Las ultimas 5 navidades, aniversarios, cumpleaños?
¡Mucho cuidado! Nadie esta sugiriendo que no somos libres sino determinados por las fuerzas antes dichas. Por lo contrario, somos totalmente libres y elegimos libremente cada momento, lo que pasa es que muchas, muchísimas veces no sabemos cuales son los verdaderos motivos que nos llevan a tomar una decisión. Cada ve que elegimos o postergamos hacerlo, cada vez que enfrentamos algo o lo evitamos, lo hacemos por algún motivo específico. Todo (lo que hacemos) tiene razón de ser, nada es aleatorio, la clave esta en saber cuales son nuestros verdaderos y profundos motivos.
Aunque, claro esta, habremos quienes prefiramos no saberlo, a veces, consciente o inconscientemente, nos aferramos a nuestras cadenas...
Termino juntando tres ideas que me parece se complementan. Los neuróticos[1] se quejan de los síntomas de su enfermedad, pero les sacan mucho provecho y, cuando ven la posibilidad de curarse, los defienden como defendería una leona a sus cachorros[2]. Es difícil liberarse de las cadenas que veneramos[3] (peor aún que desconocemos o que nos son útiles y no sabemos para que). Las cadenas de los hábitos son demasiado livianas para sentirlas, hasta que se tornan demasiado pesadas para romperlas[4].


Avidyanath
© 2005


Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

[1] Neurosis es cualquier desorden mental o emocional. En mayor o menor grado, todos somos neuróticos. Típicas neurosis son ansiedad, irritación, fobias, depresión, etc.
[2] Freud (1856-1936)
[3] Voltaire (1694/1778)
[4] Samuel Johnson (1696–1772)

domingo, septiembre 11, 2005

El Señor de las Moscas


... quiero decir, tal vez sí hay una Bestia... tal vez somos sólo nosotros.
Simón

Es cómodo pensar que la Bestia es algo que puedes cazar y matar, ¿no?... Tu lo sabías, ¿o no? ¿Soy parte de ti?... Cerca, cerca, ¡cerca!
El Señor de las Moscas


Acabo de terminar de leer “El Señor de las Moscas” de William Golding
[1]. Lo menos que puedo decir es que me dejo impresionado. ¿Donde esta el final feliz? ¿Donde aquello de que al final los buenos siempre ganan? No voy a tratar de resumir el libro, ni siquiera analizarlo, pero me dejó pensando.

¿El ser humano es bueno o malo por naturaleza? Estoy consciente de los argumentos en uno y otro sentido, pero al final, cuando busco mi propia respuesta, en el fondo siempre he creído (o querido creer) que el hombre es bueno por naturaleza. Golding piensa de otro modo, y al ver el estado de nuestro mundo, el sufrimiento, el hambre, la violencia -llámese secuestro, violación, terrorismo, violencia intrafamiliar, etc.- es muy, muy difícil no creerlo.

Algo que me llamó la atención, es que el nombre de la novela, es una traducción del hebreo Baálzevuv (Belzebub en griego). En otras palabras, el Señor de las Moscas (SdM) es un símbolo del mal[2]. Sabiendo esto, fácilmente se podría concluir que se trata de una historia satánica. El diablo, siempre al acecho, que se manipula el corazón de los inocentes niños. Sin duda, de las palabras del SdM nos podrían llevar a esa conclusión[3] “Esto es ridículo. Tú sabes perfectamente que sólo me vas a encontrar a mí allá abajo[4] –así que ¡no trates de escapar!... ¡Nos vamos a divertir en esta isla! Así que no trates de interferir mi pequeño niño confundido, o ya verás-”
¡Que miedo! Sería fácil pensar que no es que el hombre sea malo, sino que Belcebú o como quieran llamarlo es el verdadero culpable. No somos nosotros, es él quien nos engaña, nos seduce y nos hace cometer cosas que no quisiéramos hacer. ¿Pero quien es realmente Belcebú? ¿Donde radica realmente el mal?

La respuesta de Golding es clara. El mal radica en el corazón del hombre, que en ausencia de autoridad, de reglas, invariablemente se abandona a sus más bajos instintos. De nueva cuenta, la realidad del mundo hace difícil negar esta afirmación.

Pero Jesús creía en el hombre, y Buda, y Gandhi, y Luther King, y la Madre Teresa, y tantos otros que han demostrado que así como somos capaces de las más atroces barbaridades, somos también capaces de los más grandes actos de bondad.

Freud (y Golding utiliza la misma tríada) transporta la lucha ente el bien y el mal a nuestro interior. No son fuerzas externas (el angelito y el diablito sentados en nuestros hombros), el campo de batalla es nuestro interior. Nuestros impulsos y nuestras normas; y nosotros (nuestro Ego o el auriga) buscando el control. El SdM no está afuera, “tal vez somos nosotros”.

A lo mejor (y esta idea no es mía) el hombre no es ni bueno ni malo, sino simplemente ignorante[5]. Ignorantes (o tal vez ciegos) a nuestra verdadera naturaleza. Algo más allá de nuestra mera humanidad. Es innegable que nuestra ignorancia, combinada con el miedo (que casi siempre surge de la primera) es una de las principales razones del mal.

¿No fue ignorancia, combinada con el miedo –al igual que en todas las guerras– lo que llevó a los alemanes a tratar de aniquilar a los judíos? ¿No es la ignorancia –y miedo– el combustible del racismo y las guerras santas? ¿No es ignorancia lo que lleva a un ser humano a matar o violar a otro? ¿No es esa misma ignorancia la que nos lleva a desconfiar y temer al prójimo?

Me es difícil pensar en un de pura y absoluta maldad, casi siempre se puede rastrear su origen a la ignorancia. Alguien dijo “Padre, perdónalos, por que no saben lo que hacen” tal vez no sólo en esa ocasión, casi nunca sabemos lo que hacemos.

¿Ignorancia de que? ¿Ceguera a que? Del hecho que todos somos iguales. Que todos compartimos la misma esencia, los mismos miedos, vivimos en la misma confusión. Estoy seguro que si nos detuviéramos a ver al prójimo (es decir al próximo) no como enemigo, sino como compañero en el viaje de la vida, las cosas serían diferentes. No puedo imaginarme a un hombre matando o violando a otro(a) si se detuviera a pensar y reconocer que ese otro(a), como él, tiene familia, hijos. Que, al igual que el agresor, ama y que es amado. Que no es el enemigo a vencer, contra quien competir, a quien ganar. Me cuesta pensar que alguien que profesa cualquier religión, pudiera matar al de otra fe, si se detiene a pensar que ambos le rezan al mismo dios, que –le llame como le llame– los creó a ambos del amor.

Pero ciertamente, no hay peor ciego que el que no quiere ver.[6]

No crean que no me doy cuenta de lo terriblemente idealista que esto suena (y eso es lo más terrible). ¿Pero de donde viene el miedo al próximo? Creo (y esto habrá que desarrollarlo más) que en parte de como nos enseñan a distinguir entre “nosotros” (mi familia, mi equipo, mi escuela, mi religión...) y “ellos” (todos los que no están incluidos en nuestro “lo que sea”). Mientras no podamos reconocer que nosotros somos iguales a ellos, que nos une la misma humanidad, más allá de colores, credos, condición social, país, sexo, etc.

Ni más leyes, ni más armas, ni más policías, ni más guerras van a acabar con la maldad en el mundo. Mientras no seamos capaces de ver en los ojos de cada persona, del prójimo, los ojos de dios viéndonos a nosotros mismos (y viceversa) las cosas seguirán como están; y el Señor de las Moscas, seguirá regodeándose con nosotros.

Avidyanath
© 2005


Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

[1] Si, ya se que no es un libro “nuevo” pero yo nunca lo había leído!!
[2] http://www.bbc.co.uk/schools/gcsebitesize/img/ellordtheme03.gif
[3] El que el SdM hable en tercera persona lo hace aún más tenebroso.
[4] En este contexto “abajo” se refiere a la sociedad.
[5] Por ignorantes no quiero decir analfabetas o carentes de cultura.
[6] Es interesante que en la Rueda de la Vida del Budismo, los tres males (o venenos) son la Ignorancia, el Odio y el Deseo.

lunes, septiembre 05, 2005

El laberinto no existe…

La riqueza es el número de cosas de las que puedes prescindir.
Feodor Dostoyevsky

Ayer paseando, llegué a la “Grace Cathedral” aquí en San Francisco. Más allá del edificio, lo que me llamó la atención fue, justo a la entrada, un laberinto. Aprendí que maze y labyrinth[1] no son lo mismo, pues el segundo sólo tiene un camino y no hay callejones sin salida. Según la explicación que ahí encontré: “El camino serpentea por el laberinto y representa un espejo de donde nos encontramos en nuestras vidas…”

Como no tenía nada mejor que hacer, decidí aceptar la invitación y recorrer el laberinto. Las “instrucciones” sugerían entrar despacio, tomar conciencia de la propia respiración y comenzar. El camino efectivamente zigzaguea, representando nuestro caminar por la vida. Nuestras tristezas y alegrías, preocupaciones y anhelos. El camino es angosto y en el trayecto varias personas me “rebasaron” en este camino de la vida (yo caminaba despacio), siempre que pude, sonreí al verlos pasar, en ocasiones no voltearon a verme.

Mientras daba vueltas y vueltas por el laberinto, comencé a observar como me sentía: “¡me rebasaron! ¡Me van ganando!” “Falta mucho para llegar” “Cuando llegue al centro voy a…” y poco a poco fui descubriendo un patrón en mis ideas (que no debería decir descubriendo, pues es un patrón personal el que estoy muy familiarizado). Mi dificultad de concentrarme en el camino, mi constante deseo de ir más rápido, mi ansiedad de que otros me estuvieran “ganando” (curioso, considerando que no tenía nada más que hacer ni prisa por llegar a ningún lado), mi constante planear lo que iba a hacer cuando llegara al centro. Cada vez que pensaba en eso, dejaba de estar en el presente, es decir, dejaba de concentrarme en mi camino, desaprovechando la oportunidad de aprender algo nuevo en el trayecto.

¿No pasamos así gran parte de nuestra vida? Planeando para el futuro o recordando el pasado. ¿No perdemos en ello la irrepetible oportunidad que nos ofrece el presente? Vivimos en una sociedad tan enfocada en resultados, en metas, en objetivos, que por cumplirlos olvidamos que el trayecto es tan importante como la meta. Somos como un grupo de turistas, en un camión, concentrados en lo que van a hacer cuando lleguen a su objetivo, sin voltear siquiera a ver el hermoso paisaje que van pasando (curiosamente, cuando lleguen a su destino, muy probablemente comenzarán a pensar en el siguiente punto del viaje o el camino de regreso).

Finalmente llegué al centro del laberinto (me tomó más de media hora). No puedo decir a ciencia cierta si me sentí satisfecho por ello. Tal vez sí. Sin duda el trayecto había sido más fructífero en enseñanzas que la meta.

Sin embargo no podía quitarme una idea de la cabeza …

Como dije, siguiendo las instrucciones, entré al laberinto que representa nuestra vida, este retorcido “valle de lágrimas”con sus vueltas y vueltas que simbolizaban nuestras preocupaciones, alegrías, problemas, etc. ¿Acaso no son así nuestras vidas? Sin embargo, el laberinto no tenía ni una sola vuelta; eran sólo patrones dibujados en el piso. Tal vez también nosotros nos preocupamos por cosas que no están realmente ahí. Quizá el laberinto de nuestras vidas no es tan retorcido. Posiblemente sólo existe en nuestra imaginación y sólo es cosa de que nos demos cuenta de ello. O tal vez, el laberinto existe dentro de uno mismo, y al caminar el laberinto exterior, tuve tiempo de llegar al centro de mi propio laberinto interior.

Sin más, me levanté y caminé –en línea recta- fuera del laberinto.
Avidyanath
© 2005
Pero por otro lado, puedo estar totalmente equivocado...



[1] Por más que lo intento, no pude encontrar una palabra distinta a laberinto, para hacer la diferencia en español.