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lunes, noviembre 07, 2005

Et Deus, et Diabolus


... entonces, Dios preguntó a Adán “¿has comido del árbol del que te prohibí comer?” y él el paso el paquete a Eva y dijo “la mujer que me diste ella me tentó y comí”. Entonces volteó a ver a Eva y le preguntó “¿que tienes que decir?” y ella dijo “fue culpa de la serpiente” y Dios volteó a ver a la serpiente... y la serpiente no dijo nada, por que sabía demasiado y no quiso echarle a perder el juego a Dios...
Alan Watts.


A Facundo Cabral le gusta decir, “el diablo es un pseudónimo que usa dios cuando quiere crear algo de dudosa reputación a lo que no quiere asociar su nombre” ¿Que acaso no es el diablo también hijo de dios?

Tuve un fin de semana interesante. El sábado, fui a una “puja” (adoración de flores) dedicada a la diosa hindú Kali. Una adoración a Kali es lo más cercano que un cristiano puede estar a una adoración satánica. Me explico:

Kali es la divina madre, en su manifestación destructora y creadora. A Kali[1] se le representa con la lengua de fuera, la boca ensangrentada, cuatro brazos, sosteniendo en uno, una espada ensangrentada y en otra una cabeza recientemente cercenada. Su piel es negra, y lleva una falda hecha de brazos y cabezas (curiosamente similar a la Coatlicue azteca). Confieso que al iniciar el rito, frente a frente con esta imagen, (que en sí no tiene nada de satánico, son cantos, ofrendas florales y meditaciones), no pude evitar recordar las visiones del Apocalipsis de San Juan y su descripción de los adoradores de “la bestia”.

Pero Kali no es Leviatán. Su aterradora imagen busca destruir la ilusión que representa el mundo material, nuestro limitado intelecto atrapado en el espacio y el tiempo. Kali nos invita (casi nos empuja) a ver más allá incluso de ella, de todas las imágenes. Su imagen misma es una “broma”. Si nos dejamos asustar por ella, una vez más hemos caído en el mundo de las ilusiones.

Luego, el domingo por la tarde, asistí a una película argentina llamada “un Buda”. Mucho mejor de lo que esperaba. Se trata de dos hermanos, uno obsesionado con la idea de realizar a dios a través de la meditación, y el otro –un maestro de filosofía y ateo- incapaz de entender los motivos de su hermano, incluso temiendo por su salud mental.

Finalmente, por azares del destino, acabé (de gorra) en una cena organizada por una iglesia cristiana, donde un pintor explicaba como los evangelios y Luther King Jr. habían influenciado su obra. Especialmente citaba dos pasajes del nuevo testamento: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no es digno de mí.[2]” y “Nadie, que después de poner la mano en el arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.[3]” A este amigo, estos versículos le servían de inspiración para recordar lo difícil que era seguir el camino de Jesús. Me alegro por él, pero a mí (y tal vez sólo a mi) sólo me sirvieron para hacerme sentir mal.

¡Que contraste de visiones! Por un lado, en la puja de la “diabólica” Kali nos decían que nuestra madre (como toda buena madre) nos conoce y nos acepta tal cual somos. Por el otro el maestro Zen nos invitaba a abrazar nuestras contradicciones, nuestro bien y mal (que no son dos sino uno), de descubrir nuestra “naturaleza de Buda”. Mientras que este bien intencionado cristiano me recordaba que ser cristiano no era fácil, que soy imperfecto (por que –ustedes me disculparán- no odio a mi madre, padre, mujer, hija, etc.).

Si se me permite una opinión (que más bien es una convicción, pero no es el lugar de defenderla) me atrevo a creer que las enseñanzas de Kali, Buda y Jesús no son contradictorias, pero me parece que las del último, han sido víctimas de mala traducción o al menos (y tal vez sobre todo) del gravísimo error de una interpretación literal.

¿Que tal si en lugar de “no es digno” o “no es apto” leemos “no esta listo”? Me parece que ello sería más moderado y tal vez más acorde a la “buena nueva” del amor incondicional de Dios, que nos viene a transmitir Jesús. Sin duda se requiere morir (no literalmente) al mundo. Renunciar al mundo de las apariencias, el mundo de ilusión en que vivimos (Kali nos podría ayudar con esto); pues mientras sigamos apegados a él, efectivamente aún no estamos listos para ser sus discípulos. Nos será imposible descubrir nuestra propia naturaleza, descubrir que somos de la misma naturaleza de dios, recordar (como nos invita nuestro maestro Zen) nuestra esencia divina.

Con todo, el momento más importante del día, fue cuando ya noche, conocí a Gabriel (valga la ironía) un inmigrante ilegal que vive en la calle, a quien le regalé una sudadera y una cobijita. Más allá de imágenes, etiquetas o doctrinas, el mensaje sigue siendo el mismo. A dios se le encuentra no (sólo) en el templo, sino (especialmente) en cada persona que encontramos.

Avidyanath©
2005


Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

[1] http://www.guruji.it/galleria/ritrattihindu/kali.jpg
[2] Lc 14:26 y Mt 10:37 El expositor mezcló las dos versiones de la misma idea.
[3] Lc 9:62

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