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viernes, diciembre 09, 2005

In Memoriam

Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Jaime Sabines
El distinguido visitante llegó a la casa del Maestro, quien lo había invitado a cenar esa noche. Al entrar le llamó la atención ver que el lugar estaba prácticamente vacío, excepto por un humilde catre, una mesa y un par de sillas. El visitante preguntó: “Maestro, ¿donde están todas sus pertenencias?”,
“¿Donde están las suyas?” Respondió el Maestro. “¡Pero yo estoy aquí de paso!” exclamó el visitante; “Yo también.” fue toda la respuesta del Maestro.

Anthony de Mello


En leguaje común, hoy (4 de diciembre de 2005) falleció mi padrino Mario Carballido. Como yo veo las cosas, hoy simplemente decidió dejar su cuerpo físico, pero él sigue aquí.

Cuando Ramana Maharshi (uno de los hombres más santos y milagrosos de India) estaba a punto de morir, sus discípulos le imploraban “Maestro, por favor no nos dejes” y el santo, con mucha compasión les decía “no sean tontitos ¿a donde me podría ir? Mi lugar es aquí, a su lado...” Sin querer entrar en polémicas, de algo estoy seguro; no somos nuestro cuerpo, somos mucho más. El cuerpo es materia y como tal se acaba, pero nuestra esencia, lo que realmente nos define, no esta limitado al cuerpo. Si nuestras relaciones no se limitan al cuerpo ¿como podría el fin del cuerpo acabar con ellas? la muerte simplemente no puede romper el lazo que nos une. Vivimos en el corazón y en la mente de quienes nos recuerdan. Los lazos del amor no tienen cuerpo, ni tiempo, ni espacio. Vivimos unidos en Dios, que es la fuerza que nos da vida. Dios es sólo otro nombre para el amor que nos mueve.

¿Que es la muerte? Sólo un cambio de lugar, una renovación. Todo en la naturaleza se renueva. Al invierno sigue la primavera, toda semilla “muere” para dar lugar a la planta, la “muerte” de la oruga es el inicio de la mariposa. Cada vez que un recién nacido respira aire, “muere” el ser nonato que vivía en la placenta. La luz del sol se apaga sólo para mostrarnos las estrellas. Todo es renacer, a la vida sigue la muerte y a la muerte la vida. Todo depende de la perspectiva desde donde vemos las cosas. Desde la perspectiva de la oruga, el nonato o la semilla, la muerte es una terrible tragedia. Pero si elevamos un poco la mirada, podemos ver la espiga, el niño, la mariposa. A nivel tablero, el peón en el ajedrez, sólo percibe su muerte, pero el jugador, desde otra perspectiva, sabe que nadie ha muerto, y al final de la partida, todas las fichas vuelven a la misma caja. La muerte es una tragedia sólo si se mira desde abajo.

Alguna vez leí que en la antigua Grecia, cuando alguien fallecía, no preguntaban sobre lo que había hecho, sus logros, su historia. Sólo hacían una pregunta: ¿Tenía fuego? Es decir, ¿había pasión en su vida? ¿Vivió feliz? ¿Disfrutó el tiempo que pasó aquí? Cuando pienso en mi padrino, sólo puedo responder que sí. Siempre lo recuerdo sonriendo, bromeando. Un hombre con mucho que contar, un hombre luchador, que supo de momentos duros y también de mucha alegría. Un esposo y un padre de familia feliz. Un hombre con una vida completa. Era sólo cuestión de hablar con él unos momentos, de escucharlo para saber que amaba la vida, que fue feliz. Sin duda mi padrino tenía fuego.

Pero eso no nos consuela por ahora. Es momento de llorarlo, de recordar todos los buenos momentos, de extrañarlo. Los que seguimos en el tablero sin duda lo vamos a recordar mucho, y al hacerlo, él estará a nuestro lado, hasta que llegue nuestro momento de ir hacia la luz, nuestro momento de continuar el viaje. Seguro que cuando así sea, me va a saludar “quiubo Checolín”.

Hasta pronto padrino.
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No te detengas ante mi tumba a llorar,
No estoy ahí.
No estoy dormido.
Yo soy el viento que sopla.
Soy la luz del sol.
Soy la risa en cada niño,
Y el brillo en sus ojos...

Cada que despiertes,
Apurada en la mañana,
Yo estoy ahí, contigo;
Cada vez que me recuerdes,
Cada vez que quieras hablar conmigo,
Habla, yo te escucharé,
Yo estoy aquí, siempre a tu lado...

Estoy en las mil estrellas,
Que brillan cada noche.
Así que no te detengas ante mi tumba a llorar,
Yo no estoy ahí.
Yo estoy contigo.
En tu corazón, donde jamás me iré.

Mary Elizabeth Frye

Avidyanath© 2005

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

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