Nada ni nadie puede darte paz, más que tu mismo.
Ralph Waldo Emerson
Mi vida espiritual esta llena de expertos. Si quiero mejorar mi relación con dios, acudo a un consejero espiritual. Si busco conocer si le he ofendido, busco a mi confesor; si quiero hablar con dios, pido asesoría a un sacerdote, sobre como orar (todo esto, sin contar la legión de médiums, místicos, sanadores, shamanes, adivinadores, gurúes, etc. siempre dispuestos a ayudarme a comunicarme con él). A veces me pregunto ¿no le gustaría a dios que tuviéramos una relación más directa, aunque tal vez más amateur?
Vivimos tiempos de cambio. Ya es casi un cliché (no por ello menos cierto) aquello de “lo único permanente es el cambio”. El hombre moderno cuestiona principios, reglas e instituciones que hace apenas muy poco daba por sentadas. Creo que en nuestra vida espiritual ocurre lo mismo. Somos producto de nuestro tiempo y cultura, como nuestros padres y abuelos fueron de la suya. Alguien señaló alguna vez que Buda no pudo haber sido San Francisco de Asís, pues a ambos los influenciaba su entorno. Del mismo modo, los escritos de Pablo, Mahoma o Confucio, no pueden entenderse cabalmente fuera de su contexto histórico. El hombre del siglo XXI tal vez tenga las mismas preguntas que las del hombre en tiempo de Moisés, Siddharta o Jesús; sin embargo, las respuestas que satisficieron a aquellos difícilmente son suficientes ahora. Sospecho que es precisamente esa falta de respuestas apropiadas lo que va alejando, cada vez más, a los jóvenes de las religiones establecidas. Lo interesante es que –sólo tal vez- esto no sea tan malo como parece.
Tal vez es el momento de volver hacia adentro. Volver a nosotros mismos. La idea no es (aunque pueda sonar) tan descabellada. ¿no somos –según el hinduismo- expresiones individuales (atman) del dios universal (brahaman)? No sugiere Jesús mismo que cuando hagamos oración lo hagamos en nuestro cuarto, con la puerta cerrada y ahí encontraremos al padre. ¿No está dios dentro de cada uno de nosotros?
Sospecho que lo que pasa es que nos hemos llenado de ritos, de fórmulas, de intermediarios, que nos llenan de ruido y (como decía la madre Teresa) dios nos habla muy quedito, necesitamos del silencio para escucharlo. Y añadiría que no sólo silencio, sino también confianza en nosotros mismos, en esa voz interior que estamos tan acostumbrados a NO escuchar. Le damos más valor a lo que otros (por bien intencionados que sean) nos dicen que debe ser y desconfiamos de nosotros mismos. Una nueva espiritualidad requiere que escuchemos, en silencio, a esa voz que proviene desde lo más hondo de nuestro corazón y que es la voz de dios mismo hablándonos bajito, a cada uno, en nuestro propio idioma. Escuchando esa voz, encontraremos la respuesta que todos (lo tengamos claro o no) buscamos. Llenaremos el vacío espiritual que estamos intentando atiborrar con cultos o sectas o nuevos ídolos o drogas o propiedades o con más vacío.
Esto parece muy fácil, pero todo lo contrario. Si eres honesto contigo mismo, es difícil. Se requiere valor para dejar el rebaño y ser tu propio pastor. Valor para pararse sólo. Cuando éramos bebes, requerimos de mucho valor para aprender a caminar, nos caímos mil veces y mil veces nos levantamos para volverlo a intentar. Pero entonces nuestro espíritu estaba virgen, la sociedad no nos había llenado de dudas sobre nuestra valía, no habíamos aprendido la “habilidad” de moldearnos a las circunstancias. Confiábamos en nosotros mismos, éramos valientes. Ese tipo de valor se requiere. Valor para escuchar (y no sólo escuchar, sino respetar, hacer respetar y seguir) nuestra propia voz. Sólo los hombres y mujeres maduros son capaces de esto.
Buda recomendaba a sus aprendices no aceptar sus palabras, ni las de ningún maestro, sólo por respeto a él. Les invitaba a pensarlas, analizarlas, ponerlas en práctica y sólo aceptarlas al comprobar que les llevaban A CADA UNO EN LO PERSONAL a la felicidad.
Quizá deberíamos comenzar a escucharnos a nosotros mismos y tener una relación más ”amateur” con dios.
Avidyanatha
© 2003
Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario