Alguien dijo que el secreto de la felicidad no esta en tener lo que quieres, sino en querer lo que tienes. Por mucho tiempo pensé que esa era la formula del conformismo; que si todos tomáramos esa actitud, viviríamos sumidos en la mediocridad, no había desarrollo ni progreso alguno. Hoy me pregunto ¿será eso tan malo? ¿Cambiaría mi “progreso” por felicidad? ¿Lo he hecho ya? Ya se ha dicho que no buscamos soluciones, sino paliativos para nuestro sufrimiento. ¿Prefiero ser infeliz en la opulencia a feliz en la honrosa medianía? (parafraseando a Juárez).
¿Por qué anhelamos lo que no tenemos? ¿Por qué la fruta prohibida es la más apetecible? ¿Resultado del pecado original? (en sentido figurado, claro esta) La relación subrepticia, fumar a escondidas, echarse la pinta. Envidiamos el carro del vecino y valoramos a su pareja idealizándola sobre la nuestra; deseamos lo que no tenemos ¿por qué será?
Hace poco me enfrasqué en una discusión sobre este tema con un grupo de amigos y se defendió la idea de que esa inconformidad es sana, es el motor del desarrollo (volvemos a la misma idea) ¿No estaremos drogados por esa idea al grado de considerarla positiva? ¿No estamos lamiendo nuestras cadenas?
Sin duda nuestra cultura occidental tiene un papel importante en este proceso de lavado de cerebro. Hay que ganar, hay que ser el número uno, “hasta que usé/tuve/poseí “x” carro, camisa, detergente, loción, etc., etc., fui feliz” ¿Por cuánto tiempo? Somos como niños malcriados en una habitación llena de juguetes. Jugamos con ellos por un momento y pronto nos aburre y queremos el juguete que tiene el otro niño. Hastío es el común denominador (consciente o no) detrás de esa búsqueda y –tarde que temprano- según que tan analítico o superficial sea uno, se da cuenta que ha vivido engañado, que la anhelada felicidad no esta en tener más juguetes (posición económica, puestos, reconocimientos, conquistas, posesiones...) y llega el sentimiento de vaciedad y entonces queremos reclamar, solicitamos la devolución de nuestro dinero, nos volvemos cínicos ante la vida, por la mala broma que nos ha jugado. ¿Por qué no me lo dijeron antes?
¡Pero nos lo han dicho antes! Lo dijo Gotama-Buda, al decir que el origen de todo sufrimiento son los apegos; nos lo dijo Jesús-Cristo al sugerirnos que no atesoráramos tesoros en la tierra, que son precederos, sino que los atesoráramos en el cielo (evito entrar a la discusión religiosa sobre que significa “en el cielo” en mi opinión, quiere decir, tesoros del espíritu).
San Francisco decía “deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco”. Esa postura sin duda te sitúa en posición de ver claramente (liberarte del “maya” según los hindúes).
Claro que yo no creo que debamos tampoco renunciar literalmente a las cosas materiales (ni creo que Buda o Xto lo hayan sugerido), sino renunciar al deseo al “necesito tenerlo”. En realidad son pocas las cosas que realmente necesitamos tener. No, vivamos en este mundo sin ser de él. Abramos los ojos, tal vez nos daremos cuenta que lo que “realmente” necesitamos, ya lo tenemos y –lo que es más- siempre lo hemos tenido.
El maestro invitó al reconocido profesor, que estaba de visita en el pueblo, a que lo acompañara a cenar en su casa. Al llegar, el profesor notó con asombro que la casa del maestro no tenía mas muebles que un catre, una lámpara y una mesa con dos sillas. Sorprendido el profesor preguntó: “Maestro, ¿dónde están sus posesiones?” a lo que el maestro respondió con otra pregunta “¿dónde están las suyas?” “¡pero si yo sólo vengo de paso!” contestó el profesor; “también yo” fue toda la respuesta del maestro.,
Avidyanatha
© 2003
Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...
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