¿El dolor nos pone en contacto con la realidad o nos sumerge más en el sueño? Buena pregunta. El Buda inició su aventura de iluminación en un intento de acabar con el dolor (curiosa motivación, si la consideramos un poco incluso un poco hedonista). Supuestamente lo logró. En las 4 nobles verdades nos dice que la vida es sufrimiento y que la manera de evitarlo es liberarnos del deseo o los apegos. Esto es claro, si no deseo nada, pase lo que pase seré imperturbable. Si no deseo salud, la enfermedad y el dolor no me afectarán, si no deseo alegría, los acontecimientos que producen tristeza dejan de tener poder sobre mí, etc.
Claro que es mucho más fácil (sin restarle mérito a Buda) decirlo que hacerlo.
¿Cuándo es que me siento más vivo? ¿No es acaso cuando estoy más contento o -tal vez incluso más- cuando siento gran pena o dolor físico? Ciertamente no hay nada como el dolor (físico o emocional) para ponernos en movimiento y despertar nuestra creatividad. Creo que es válido decir que muchos de los avances de la humanidad son motivados precisamente por nuestro deseo de evitar el dolor (o buscar la comodidad que es lo mismo). Queremos que nuestra vida sea más sencilla, más llevadera. Incluso pareciera que estamos tan ocupados evitando el dolor, que no tenemos tiempo de nada más. Pasamos nuestra vida trabajando, planeando, acumulando... ¿para qué? En este momento me parece que es sólo para sentirnos más seguros. Pero muy en el fondo sabemos que todos nuestros planes, nuestros recursos, etc. son de poca utilidad. Basta una pequeña enfermedad, una caída, etc. para poner de cabeza nuestra existencia. Podemos pasarnos la vida entera preocupándonos (y lo hacemos) y el problema siempre brinca donde menos lo esperábamos. Como dice Baz Luhrman: preocuparse es tan efectivo como esperar resolver una ecuación gracias a que masticamos chicle, los verdaderos problemas en tu vida son cosas que nunca pasaron por tu mente preocupona (decimos "no lo vi venir") el tipo de cosas que te agarran desprevenido a las 4 de la mañana de un martes cualquiera (como lo sabe cualquier padre cuando su hijo tiene punzada precisamente a media noche y se acaba de terminar la medicina -de hecho esa es una buena metáfora para lo que estoy diciendo aquí).
Sin embargo, el dolor y peor, la preocupación por evitarla, tienen la posibilidad de hacernos creer que estamos haciendo algo al respecto. Que tenemos un poco de control. En ese sentido, nos alejan de la realidad, hundiéndonos más en la fantasía de que podemos hacer algo al respecto. Esto hace sentido, pues la opción, reconocer que NO tenemos control se antoja aterradora. Pero es tal vez lo que tenemos que hacer, aceptar las cosas como son, aceptar que el destino no depende de nosotros, que tenemos la posibilidad de actuar de acuerdo a las circunstancias que se nos presenten, pero no tenemos control sobre los resultados (Karma Yoga). Más aún (y esto puede ser incluso otro intento por confortarnos ante esta perspectiva) confiar que (citando ahora a la desiderata) sea que nos resulte claro o no, el universo marcha precisamente como debiera. Soltar el timón y confiar en que alguien mucho más capaz que nosotros va dirigiendo el barco. Entregarnos con fe al universo, a dios. Recordar que este es un sueño y luchar en él y contra él realmente no tiene ningún sentido y sólo sirve para hacernos sufrir.
¿De qué sirve correr, en el sueño, de quien nos persigue? Mejor es despertar.
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