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domingo, mayo 09, 2010

Sólo tu puedes liberarte de tus ataduras

Ayer publiqué sólo un dibujo, un hombre amarrado de pies a cabeza, sosteniendo fuertemente con los dientes la cuerda que le amarraba pero (al parecer) sin darse cuenta que tan sólo tenía que soltar la cuerda para ser libre. Me recordó una historia Zen que cita De Mello: Los discípulos se acercaron al maestro, éste les preguntó "¿Qué es lo que buscan?" ¡Liberarnos de nuestras cadenas!" contestaron ellos. "Vayan y encuentren a quienes les mantienen encadenados" fue la instrucción del maestro. Los discípulos se fueron y buscaron por largo tiempo a quienes les encadenaban y finalmente volvieron con el maestro y le informaron "nadie nos tiene encadenados" (casi me puedo imaginar la mezcla de vergüenza, incredulidad, confusión y sorpresa en sus caras) a lo que el maestro, sonriendo, respondió "¿Entonces de que necesitan ser liberados?"

Claro que nosotros ahora, sofisticados individuos del siglo XXI, tenemos una respuesta diferente. Nuestro condicionamiento nos encadena, las experiencias de nuestra infancia nos encadena (nuestros padres nos encadenaron), las normas sociales nos encadenan (las sociedad nos encadenó), nuestros principios morales y religiosos nos encadenan (dios nos encadenó). Todo esto es cierto, todos los antes dichos son limitaciones a nuestra forma de actuar y nuestro ser, cadenas psicológicas que nos impiden ser nosotros mismos. Pero la pregunta del maestro no es quien los encadenó (una pregunta sin duda interesante) sino quien los mantiene encadenados. La respuesta es dolorosamente simple. Nosotros mismos nos mantenemos encadenados, principalmente al no darnos cuenta que somos nosotros mismos quienes nos mantenemos aferrados a las cadenas con nuestros miedos, programación, resistencia al cambio, etc.

Ahora, no somos tampoco culpables de ello. Es como aquella historia del gran elefante que es mantenido amarrado a una pequeña estaca pues desde pequeño le tuvieron amarrado y ahora no cree que sea posible liberarse. Las cadenas fueron impuestas cuando éramos muy pequeños y no podíamos resistirlas (y las resistimos hasta que doblegaron nuestra voluntad) y las hemos traído cargando por tanto tiempo que ya forman parte de nosotros. ¿Quiénes seríamos sin nuestras cadenas?

Pero el punto no es buscar culpables, una actividad aunque entretenida y -aceptémoslo- muchas veces satisfactoria, no es muy productiva, sino tomar conciencia y liberarnos. Alguien preguntó "¿Cual es la mejor manera de deshacerte del costal de ladrillos que vas cargando?... ¡soltándolo!" (Otra vez, el "truco" consiste en darnos cuenta que lo vamos cargando)

Me pregunto, ¿a qué cadenas me sigo aferrando? ¿Qué costales de ladrillos sigo cargando? y -aún más importante- ¿Hasta cuando planeo seguirlos cargando?

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