"Nada existe en tanto no existe en los 4 reinos" Eso fue lo que escuché en mi sueño. Ciertamente hoy me estoy desviando un poco del tema, pero me parece importante (para recordar mi sueño) escribir sobre este proceso.
Los reinos son espiritual, mental, emocional y material. Regularmente se habla de tres reinos, la santísima trinidad: Padre (pensamiento), Hijo (palabra -el verbo se hizo carne) y Espíritu Santo (obra) y se deja fuera al mundo de los sentimientos, pero incluso este es claro cuando el nuevo testamento dice "tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo". Pero no es mi intención ponerme demasiado religioso pues esta es una idea con aplicaciones eminentemente prácticas.
Nuestros pensamientos se hacen realidad (thoughts become things) esto me recuerda una historia de Ramakrishna: Un hombre que estaba sentado bajo el Kalpa-vriksha (el árbol de los deseos) deseó ser un rey, y al momento era rey. Acto seguido deseo tener una hermosa dama a su lado, y la dama apareció de inmediato. Entonces el hombre pensó para sus adentros, “...qué pasaría si un tigre apareciera y me comiera...” y ¡zaz! ¡en un instante se encontró en las garras de un tigre! Dios es como el árbol de los deseos: todo aquel que en su presencia piensa que es pobre y desamparado, permanece en tal estado, pero aquel que piensa y creé que el Señor cumple todos sus deseos, recibe todo de Él.
Pero esto no es del todo exacto (la historia si, la presentación) pues desear (que equivale casi siempre a pensar) no es suficiente. Si quiero manifestar algo tengo que empezar en alguno de estos reinos. Todo lo que pienso existe en el reino más sutil (de lo contrario ni siquiera podríamos pensarlo). Es decir, existe en el mundo del espíritu. Pensar en ello, es el acto de manifestar en el reino mental (ahí es donde visualizamos, planeamos, etc.) pero si me quedo ahí la energía creativa es limitada. Tengo que darle una carga emocional (por eso a veces manifestamos lo que más tememos u odiamos, pues con tan intensos sentimientos estamos potenciándolos) idealmente queremos crear sólo cosas que amamos, pero como el hombre bajo el árbol de los deseos, no tenemos disciplina en pensamientos y sentimientos y manifestamos cosas deseables e indeseables (aquí es uno de esos lugares donde entrenar nuestra mente y corazón tienen importantes beneficios). Todo esto va aumentando el "poder" de ese pensamiento, poco a poco lo venimos bajando del reino espiritual, luego de amarlo, viene hablarlo (palabra, lugar intermedio entre el mental y el material) y finalmente actuar como si ya fuera realidad (aquí es donde la marrana tuerce el rabo -me encanta esa expresión) pues al no estar entrenados en ello, dudamos la posibilidad de que algo ocurra.
Un excelente ejemplo de esto es la resurrección de Lázaro. Obviamente Jesús, en el mundo de las ideas sabe de la posibilidad de la resurrección y tiene su "plan" trazado. Llega ante la tumba e incluso verbalmente pregunta a otros si creen en dios (tal vez para aumentar la fuerza de la idea) finalmente, antes de hacer nada, AGRADECE a dios por escucharle, es decir, sus palabras y acciones saben que ya ocurrió, finalmente, casi como mero trámite, da la orden "Lázaro sal".
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