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martes, mayo 18, 2010

Las cosas pasan por algo ¿?

Como seres humanos, tratamos de encontrar el sentido de las cosas.  Tal pareciera que nos es difícil considerar la posibilidad de que hay cosas que no tienen sentido, que hay cosas que hacemos sin ningún propósito específico.  Nos encanta pensar que nuestra vida tiene sentido (recordemos a Frankl, quien nos dice que precisamente ello es el fin y motivo principal de la existencia, encontrar o darle sentido a nuestra existencia).  Cuando pasa algo “malo” (entrecomillado porque creo que realmente nunca nada es malo ni bueno, sino que son nuestros juicios los que califican algo que simplemente “es”) nos esforzamos por entender por qué pasó, ¿que nos está tratando de decir dios? ¿qué es lo que podemos aprender de esta experiencia? ¿Cuál es la lección?  (Creo que aquí hay un error, pues estoy -como muchos- equiparando la idea de aprender algo de una experiencia con la de que dios me está enviando un mensaje, me parece que no son equivalentes).

Sin embargo no todo lo hacemos con un fin en mente.  Ciertas actividades como bailar por ejemplo, no lo hacemos buscando lograr algo (esta es una amplísima generalización) sino para divertirnos.  Tal vez sea incluso importante que hagamos cosas sin sentido específico, para no tornarnos demasiado graves. 
Estoy batallando con una paradoja.  Por un lado estoy sugiriendo, si bien aun no muy claramente, que tal vez la vida y lo que nos acontece no tienen sentido o significado específico, tal vez Dios no está tratando de decirnos nada (tal vez incluso no le importa lo que estamos haciendo, sino que disfruta como se va desarrollando nuestra historia, tal como un espectador disfruta una película, saboreando incluso cuando al protagonista le pasan cosas “malas”).  Pero al mismo tiempo creo que todo ocurre precisamente como debe ocurrir.  Que nada es azar.  ¿Acaso me estoy contradiciendo una vez más? (me pregunto qué tan seguido puedo usar la cita de Whitman).  De alguna extraña manera me parece que esta paradoja es perfectamente válida.  Arriba dije que aprender algo y pensar en un plan de dios no son lo mismo.  Podemos aprender algo incluso de las circunstancias más disparatadas.  ¿Quién no ha cometido un error alguna vez y aprendió mucho de ello?  No, aprender no implica necesariamente un plan preconcebido.  Sin embargo, si ampliamos un poco la idea de a que vinimos al mundo (algo sobre lo que ya escribí antes) y aceptamos, por tan sólo un momento, que venimos a aprender, entonces, pase lo que pase, en la medida que es una oportunidad de aprender algo, está dentro del plan.  Más aún, mientras más inesperado, mientras más disparatado o impredecible, “mejor” pues nos obliga a salir de nuestra zona de confort y expandir nuestra capacidad.  Tal vez el diseño radica precisamente en que no haya diseño, el objetivo es que no haya objetivo para que los acontecimientos nos sigan sorprendiendo y sigamos creciendo, aprendiendo y divirtiéndonos.  Es como (otra vez la metáfora del cine) ir al cine y sorprendernos por el final ¿acaso no nos molesta una película totalmente predecible? ¿no preferimos cuando el escritor o director nos sorprenden con un final inesperado?  Nos encantan las sorpresas y sospecho que a Dios también, nada más que él/ella es más difícil de sorprender.

Recientemente vi la película “A serious man”.  Termino hoy con la frase con que empieza la película: Recibe con simplicidad todo lo que te ocurra.

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